Madrid.  Viernes 22 de mayo de 2009                                                                       
 
 

Manuel Azaña: El alcalaíno que sembró el odio y enfrentó a los españoles

 
 

 

Azaña jamás condeno el "Pillaje Rojo" que causó la destrucción, la masacre y la tortura en su pueblo

 
 
  Poco podía pensar, aquél Esteban Azaña, cuando siendo secretario del consistorio de Alcalá de Henares en 1820, proclamó desde el balcón del ayuntamiento complutense la constitución de 1812, que su biznieto iba a ocupar un siglo después los más altos cargos de España, y sobre todo que le iba a tocar el triste honor de presidir un gobierno que iba a enfrentar a los españoles en una guerra salvaje.

Durante varias generaciones, los Azaña eran una familia que había experimentado una excelente posición social y económica, mediante la ocupación de cargos en la administración y crear un importante patrimonio con la compra de bienes desamortizados.

Esta situación holgada les facilitó acceder a la mejor educación, rodeándose de la intelectualidad de la época, permitiéndoles un compromiso de ideas patriótico y liberal.

Alcalaínos de pro, siempre comprometidos con su ciudad, trataron de que Alcalá conservase su perfil humano e histórico. Gregorio Azaña, abuelo de nuestro protagonista, redactó con fecha 12 de enero de 1851 los estatutos de la Sociedad de Condueños, escribano y notario acumuló una gran biblioteca en la casa familiar de la calle de la Imagen.

Su hijo, Esteban, estudió con los Hermanos de las Escuelas Cristianas, instalados gracias a la cesión de un antiguo colegio de la Universidad por parte de su padre. Intentó siempre devolver el antiguo esplendor a su Ciudad. Notario y Alcalde, tuvo el honor de presidir la inauguración de la estatua de Carlo Nicoli que representa a Miguel de Cervantes.

Dedicó dos volúmenes a la Historia de Alcalá de Henares en 1882 y 1883.

Casado con Josefina Díaz-Gallo, tuvieron cuatro hijos, Gregorio, Manuel, Josefa y Carlos.

Huérfanos prematuramente, la madre murió el 24 de julio de 1889 y el padre apenas seis meses después, el 10 de enero de 1890. Los hermanos se fueron a vivir a casa de su abuela paterna.

Estudios

Manuel María Nicanor Federico Azaña Díaz-Gallo, nació el 10 de enero de 1880 a las 10,30 horas en Alcalá de Henares, en la calle de la Imagen, nº 3 y fue inscrito en el Registro dos días después. Estudió en el colegio religioso de los Santos Justo y Pastor hasta los trece años, obteniendo excelentes notas, aunque en el examen de bachiller, celebrado en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid no pasó de un aprobado.

Manuel, que había heredado el sentimiento intelectual de sus ancestros, y bajo la influencia de su tío materno, Félix Díaz Gallo, fue enviado a realizar estudios de Derecho al Real Colegio de Estudios superiores María Cristina de El Escorial, donde después de tres cursos y tras sufrir una crisis religiosa, especialmente al rebelarse por la rígida educación de los padres agustinos, estimó que la religión que había vivido no tiene ningún sentido, abandona el colegio para seguir estudiando en su domicilio. Su afición por las letras le hace editar en 1897 junto a unos amigos la revista Brisas del Henares, donde comienza su andadura literaria haciéndose cargo de las crónicas locales.

Como el colegio serrano, no podía expedir títulos de licenciatura, Manuel se examinó por libre en la Facultad de Derecho de Zaragoza, licenciándose a la edad de 18 años y con la calificación de sobresaliente.

 

Una vez obtenida la licenciatura, decide obtener el doctorado, trasladándose a estudiar y trabajar en Madrid, actuando de pasante en el bufete de Luís Díaz Cobeña, donde tiene como compañero a un joven Niceto Alcalá Zamora

Obtiene el doctorado con veinte años, con la calificación de sobresaliente. El título de su tesis ya descubre su interés por una política de izquierdas, "La responsabilidad de las multitudes".

Como socio de la Academia de Jurisprudencia prepara algunos trabajos, participando activamente en diferentes coloquios. En 1902 presenta su memoria sobre La libertad de asociación, donde expone su visión sobre la regulación de las órdenes religiosas por el Estado. En 1900, ingresó en el Ateneo, donde criticó a la generación del 98 y al regeneracionismo.

En 1901, empezó a escribir en la revista Gente Vieja, firmando con el seudónimo de Salvador Rodrigo.

Regreso a Alcalá

Pronto los intereses familiares entran en dificultades económicas, y Manuel regresa a Alcalá en 1903, para apoyar a su hermano Gregorio, concejal del ayuntamiento complutense, en los negocios familiares, una fabrica de ladrillos y tejas y diversas fincas. Su estancia en Alcalá le hace colaborar en la revista La Avispa, de escaso éxito e interés, como continuar con la redacción de una novela autobiográfica, La vocación de Jerónimo Garcés.

Interés por la política

Al no poder poner en pie los negocios familiares, vuelve a Madrid y en 1909 oposita a Auxiliares terceros de la Dirección General de los Registros y del Notariado. Conseguido el número uno de su promoción, (tras supuestos favores políticos) accede al puesto y tras diversos ascensos, en 1929 es nombrado Oficial Jefe de Sección de Segunda Clase del Cuerpo Técnico de Letrados del Ministerio de Gracia y Justicia.

Su interés por la política de izquierdas le hace dar su primera conferencia en Alcalá de Henares, en la Casa del Pueblo, que el PSOE ocupaba en la calle Escritorios desde 1910, donde expresa su preocupación por el Estado, y llama a los ciudadanos a movilizarse para afrontar el "problema", según Azaña de España.

Azaña, marcha a París, con la intención de seguir cursos de Derecho civil, comenzando a desarrollar su vocación intelectual, enviando artículos con el seudónimo de Martín Piñol a La Correspondencia de España.

Apasionado durante su año de estancia de la Ciudad de la Luz, aprovechó el tiempo para visitar monumentos y asistir a mítines políticos y conferencias de los más diversos temas.

En febrero de 1913, forma parte de la junta directiva del Ateneo como primer secretario tras formar parte de la candidatura de Romanones. Su actuación al frente del mismo hace que revitalice la biblioteca y la economía.

Ese año en compañía de José Ortega y Gasset funda la Liga de Educación Política e ingresa en el partido reformista de Melquíades Álvarez, que sería asesinado en 1936 por las milicias del Frente Popular.

En su primer discurso reivindica la democracia parlamentaria, la necesidad de un Estado laico y soberano, apuesta por la justicia social y la cultura para acabar con el caciquismo.

Quiso presentarse como candidato por el distrito de Alcalá en las elecciones de marzo de 1914, pero la división política existente en su Ciudad, le hizo reconsiderar su posición. Los pésimos resultados electorales de su partido, influirían para que por un tiempo meditase su continuidad en el mismo.

Por esas fechas las fuerzas antisistema que se oponen a la monarquía parlamentaria, socialistas, anarquistas y nacionalistas vascos y catalanes, junto con los embrionarios partidos republicanos, tienen en su mente sustituir el sistema parlamentario por la dictadura del proletariado socialista o el jacobismo republicano. Para conseguirlo necesitan el apoyo del ejército, la subversión en la calle y la agitación desde los medios de comunicación.

Los procesos revolucionarios de México y de Rusia, llevan a la convocatoria de una huelga general tras el acuerdo de acción de la UGT y CNT. Como el conde de Romanones, presidente del Consejo de Ministros no cayese en la trampa. Los sindicatos publicaron un manifiesto que iba a producir una serie de acontecimientos incontrolables por el gobierno. A los sindicatos se unieron las Juntas Militares de Defensa, creadas por los militares en 1916, con la finalidad de mejorar su profesión y los catalanistas de Cambó.

Con el miedo en el cuerpo, el Gobierno, ante las noticias que llegaban de Rusia sobre el destino de la familia del Zar, optó por suspender las garantías constitucionales, se cerraron algunos centros obreros y se detuvo a los firmantes del manifiesto. Esta situación alcanzó una grave crisis de gobierno que finalizó con la dimisión de Romanones y su gabinete.

La I Guerra Mundial

Con la llegada de la Gran Guerra, España conservó la neutralidad, aunque el país estaba dividido entre aliados y germanófilos, Azaña, desde un primer momento tomó partido por los primeros, la tradicional monarquía parlamentaria inglesa le parecía el sistema constitucional más adecuado que el imperialismo que podían acarrear las potencias de los países de centroeuropea. Esta circunstancia unida a su admiración por Francia, hizo que en el Ateneo, se defendiese un respaldo de adhesión a los países aliados.

Azaña, invitado por los aliados, visitó los frentes durante la I guerra Mundial, expresando su repulsa de los horrores provocados por la contienda.

Tras su regreso, comienza a interesarse por la política militar, encargándose de desarrollar para el partido reformista un tratado ideológico sobre la Guerra y la Marina. Estaba poniendo en ciernes su futura reforma del ejército, al querer escindir el ejército de la política, reducir la oficialidad y reducir el período de tiempo del servicio militar.

Sus primeras elecciones a Cortes

En las elecciones generales del 24 de febrero de 1918, se presentó como candidato del partido Reformista por el distrito de Puente del Arzobispo. En sus mítines comenzaron sus primeros ataques a la monarquía al apelar a la unión de izquierdas y buscar la solución a los problemas de España en la revolución.

Los 4139 votos que consiguió no fueron suficientes para ocupar un escaño en el Parlamento.

La Liga de la Sociedad de Naciones Libres, reclamaba para España un sistema plural, donde la democracia debía de ser plena y estar al servicio de los ciudadanos. Esta circunstancia, hizo que Azaña, junto con intelectuales de diferente pensamiento político, crearan la Unión Democrática Española.

Tras una breve estancia en París junto a su amigo Cipriano Rivas-Cherif, dimite como secretario del Ateneo, y funda la revista literaria La Pluma, que se editaría hasta 1923, fecha en que asume el destino del semanario España.

En este año repite candidatura a Cortes, igualmente por el distrito de la ciudad toledana, con resultados similares.

Su distanciamiento del partido reformista con su pensamiento, al querer que la Iglesia y el Ejército estén fuera de toda decisión política le hace romper con Melquíades Álvarez al dar el golpe de estado el general Primo de Rivera.

Hasta ese momento los vanos intentos del sistema parlamentario de llevar a cabo las reformas que necesitaba España, son boicoteados continuamente por huelgas y algaradas decretadas por nacionalistas y los partidos y sindicatos de izquierda, su intencionalidad revolucionaria hacía que no propusieran medidas coherentes con la situación nacional. El alto índice de analfabetismo en la sociedad española era el caldo de cultivo de la izquierda para la manipulación que llevaría a la dictadura del proletariado o a la escisión de España.

La Dictadura

Azaña, ya solo concibe democracia con república, y hace un llamamiento a los socialistas para intentar un movimiento de acción política que llevase al derrocamiento de Primo de rivera, y con él, a la figura de Alfonso XIII.

La censura le cierra su revista España, y en mayo de 1924 redacta su manifiesto titulado Apelación a la República, publicándose de forma clandestina en La Coruña. En el mismo transmite la idea de que monarquía es lo mismo que dictadura y que la democracia es sinónimo de república.

En 1925 funda el partido Acción Republicana, cuyo programa apoya la reforma del Ejército, la laicidad y la limitación del poder de la Iglesia, reforma agraria, colaboración con los socialistas e idea autonomista del estado.

Primo de Rivera, consigue acabar la guerra de Marruecos con el desembarco de Alhucemas (1925), con lo que gana crédito consiguiendo un período de paz política. Las operaciones económicas fueron eficaces, al crear monopolios, fomento de las infraestructuras, reforma de las instituciones financieras, creación del Banco Exterior, ampliación de la red hidráulica, red ferroviaria, red de carreteras y red eléctrica. Se reformó asimismo el aparato administrativo y diplomático. Igualmente dio salida a reivindicaciones de la UGT y de Largo Caballero, naciendo en 1926 el Código del Trabajo, los Comités paritarios y la fundación de la Universidad Industrial de Madrid. En 1929 se realizaron las exposiciones de Barcelona y Sevilla.

Azaña, se refugia en su pluma, siendo galardonado en 1926 por el Premio Nacional de Literatura por La Vida de don Juan Valera, que no publicaría.

Al año siguiente publica El jardín de los frailes, obra autobiográfica, y en 1928 un estudio sobre la obra de Varela cuyo tituló fue La novela de Pepita Jiménez, ese año también se representa su obra teatral La corona.

El 27 de febrero de 1929 contrae matrimonió en la Iglesia de los Jerónimos de Madrid con María Dolores de Rivas Cherif, hermana de su amigo Cipriano. La novia contaba a la sazón 25 años, mientras que el novio tenía 49.

Cuando el 28 de enero 1930 dimitió Primo de Rivera, haciéndose cargo del gobierno el general Dámaso Berenguer, el país retomó sus convulsiones habituales, este quiso acabar con lo hecho en los siete años de Primo de Rivera. El primer paso para que los partidos antisistema tomasen la calle y reclamasen un régimen republicano.

El 8 de febrero se presentó públicamente Acción Republicana, Azaña entró en política con un cántico al extremismo, siendo proclive a un gran pacto de partidos de izquierda que creasen una "República republicana, pensada por los republicanos, gobernada y dirigida según la voluntad de los republicanos".

Según su discurso excluyente, solo los partidos autoproclamados republicanos poseían "pedigrí" para gobernar. Una idea antidemocrática que nos lleva al despotismo ilustrado. Los llamados partidos democráticos eran pocos, mal avenidos y divididos. Curiosamente Azaña en sus diarios los describe como unos botarates.

En junio de 1930, Azaña, asume la presidencia del Ateneo y desde el primer momento trata de movilizar a las fuerzas "republicanas". Logrando pactar con diversos partidos.

El 17 de agosto de 1930, se reúnen en San Sebastián los diversos partidos, donde acuerdan una alianza entre los republicanos viejos y republicanos nuevos, así como con las fuerzas antisistema. Azaña, Alcalá Zamora, Marcelino Domingo, Alejandro Lerroux, Fernando de los Ríos, Carrasco Formiguera, Eduardo Ortega y Gasset, Nicolau d´Oliver, Álvaro de Albornoz, Ángel Galarza, Martínez Barrios, etc. pusieron las bases para un Gobierno provisional republicano, que presidido por Alcalá Zamora se reunían en el Ateneo de Manuel Azaña. A esta fuerza se sumaron una parte de los intelectuales y un sector del ejército. La Agrupación al Servicio de la República, tras un manifiesto de Ortega y Gasset, Marañon y Pérez de Ayala, sirvió para agrupar a los intelectuales pro-república. Por otro lado las divergencias existentes en el ejército, empezaron a germinar el golpe de estado.

La Plaza de toros de Madrid, contó el 28 de septiembre de 1930 con un mitin donde Manuel Azaña reveló su oratoria. Repitió el lema de querer una República gobernada por republicanos, identificando a los asistentes como una manifestación de la voluntad nacional e instando a la revolución popular. Se manifestó sectario, anunciando que no promovería la moderación.

La insurrección se estaba fraguando, eso sí, quedarían al margen y tratarían de que el pueblo y el ejército les hiciesen el trabajo sucio.

Se constituyó una alianza entre el partido de Azaña, el Radical de Lerroux y los socialistas de Largo Caballero, contrarios a las teorías de Julián Besteiro, que abocaba por una democracia formal y constituyente salida de las urnas.

La tribuna del Ateneo, servía para que Azaña, con su brillante oratoria influyese hábilmente para conseguir sus propósitos.

Anunció que, la transformación política sería dirigida por la inteligencia, es decir, por los republicanos afines al propio Azaña, auxiliados por los gruesos batallones populares en calidad de brazos, los brazos del hombre natural, en la bárbara robustez de su instinto.

La conspiración republicana estaba en marcha, desde Madrid se fragua el plan en torno a un comité revolucionario presidido por Alcalá Zamora al que secundan un conjunto de militares golpistas (Fermín Galán, Batet, Riquelme, López Ochoa...) y un grupo de estudiantes de la FUE a cuya cabeza figura Graco Marsá. Ni que decir tiene que la masonería que había visto como importantes miembros suyos escalaban posiciones dentro del comité revolucionario, esperaba la ocasión para crear un régimen que pudieran gobernar y manipular.

Se dispuso que el 15 de diciembre de 1930 fuera el día adecuado para dar el golpe militar. Pero los acontecimientos iban a cambiar el rumbo de la situación. La descoordinación y la improvisación, junto con el aguerrido y ansiado espíritu republicano iban a hacer que las previsiones republicanas no se cumpliesen.

El capitán Fermín Galán y el teniente Ángel García Hernández, sublevan a la guarnición de Jaca, dos días antes de los previsto. Su falta de preparación les hizo avanzar 86 kilómetros en diecinueve horas, siendo fácilmente reducidos por las fuerzas del Gobierno antes de pisar Zaragoza. Apenas había existido secreto en el golpe, el general Emilio Mola, por aquel entonces Director General de Seguridad, conocedor de la conspiración, escribió a Fermín Galán para que no se sublevase.

Queipo de Llano, Ramón Franco y algunos aviadores trataron de que el aeródromo de Cuatro Vientos se alzase. Ramón Franco llegó a despegar, sobrevolando Madrid con el propósito de bombardear el palacio real, arroja unas octavillas y regresa a Cuatro vientos. Al no tener respuesta del resto de la oficialidad, que se declararon presos, deciden los conspiradores huir a Portugal.

En cuanto a los movimientos obreros, estos permanecieron pasivos al desaconsejar Julián Besteiro su colaboración en el alzamiento.

En juicio sumarísimo, Galán y García Hernández, son condenados a muerte y fusilados el 15 de diciembre. Fermín Galán, auténtica cabeza de tan disparatada actuación, es un buen oficial que se ha distinguido en Marruecos mandando fuerzas de policía indígena y de la Legión. Hombre de ideas avanzadas, confusas y un tanto utópicas, había sufrido prisión por haber intervenido en la "Sanjuanada". Tres días antes de su fusilamiento aparecía su firma al pie de un bando en el cuál se amenazaba con la misma pena a quien se opusiera a la "República naciente". La república ya tiene sus mártires.

En cuanto a los miembros de la conspiración, unos huyeron (Indalecio Prieto), otros fueron detenidos como Largo Caballero, y otros se escondieron como Lerroux y Azaña, que lo hizo en casa de su suegro, donde permaneció un mes dedicándose a escribir su novela Fresdeval

La República

En los inicios de 1931, y tras los acontecimientos acaecidos en diciembre del año anterior, la república parecía una posibilidad utópica, que se iba a hacer realidad ante el temor y desinformación existente en la sociedad.

El gobierno de Dámaso Berenguer pasaba por una fase crítica, los monárquicos se mostraban disconformes con los parabienes gubernamentales que ofrecía Berenguer. La crisis llegó con el problema de unas elecciones. Berenguer pensó convocar elecciones generales para evitar elecciones municipales y provinciales, como era habitual. El anuncio de elecciones generales produjo una oleada de amenazas de abstención. Alfonso XIII, desbordado por los acontecimientos, no encontraba sustituto para Berenguer. El puesto de Jefe de Gobierno fue ofrecido al Duque de Alba, a Sánchez Guerra y a Melquíades Álvarez, quienes renunciaron a presidir un gobierno al no aceptar el rey alguno de los nombres propuestos como ministros.

Al final se formó Gobierno presidido por Juan Bautista Aznar, que prometió convocar elecciones, empezando por las municipales.

La primera fase de las elecciones municipales se celebró el 5 de abril, saliendo elegidos 14.018 concejales monárquicos y tan solo 1.832 republicanos. Con ese resultado electoral, solo pasaron a control republicano un pueblo de Granada y otro de Valencia.

El 12 de abril de 1931 se celebró la segunda fase de las elecciones. Los concejales monárquicos obtuvieron 22.150 actas mientras que los republicanos consiguieron 5.775.

A pesar del resultado, los republicanos no quisieron reconocer su derrota, se aprovecharon de la errónea interpretación por parte de los políticos monárquicos que interpretaron la derrota en buena parte de las capitales de provincia como un apoyo incondicional de la república y el ocaso de la monarquía. El hecho de que la victoria republicana fuese urbana, como en Madrid, donde el alcalaíno Andrés Saborit, del PSOE, hizo votar por su partido a millares de difuntos, pudo contribuir a esa sensación de derrota.

Durante la noche del 12 al 13 de abril, el general Sanjurjo, al mando de la Guardia Civil, dejó de manifiesto por telégrafo que no contendría un levantamiento contra la monarquía.

Azaña, que se mantenía escondido es recogido por sus compañeros y llevado hasta la Puerta del Sol, entre el entusiasmo general es aclamado y vitoreado al asomarse al balcón del Ministerio de la Gobernación.

Por la noche, acompañado por el capitán de artillería Arturo Menéndez, se presenta en el palacio de Buenavista donde se entrevista con el subsecretario del Ministerio del Ejército, general Ruiz Fornells, a quien se impone tomando el Ministerio en nombre de la república. Se había autoproclamado Ministro de la Guerra. Azaña, cursa un comunicado a todas las guarniciones militares, a las que pide patriotismo y disciplina; posteriormente cursa un decreto que establece la obligación de todos los militares a prometer su adhesión y fidelidad a la República. Con la ley Azaña inicia un proceso de reducción de efectivos militares, causando un profundo malestar en las altas jerarquías castrenses.

Con 21 diputados que consiguió Acción Republicana en las elecciones del 28 de junio de 1931, consiguió no quedar subordinado con los radicales de Lerroux, ni con los socialistas, al mantener una clara posición de izquierdas.

Realmente la República había llegado como un régimen representativo de todas las tendencias, pues el movimiento monárquico como la toma efectiva del poder el 14 de abril de 1931, habían sido dirigidos por los conservadores católicos Alcalá Zamora y Miguel Maura, siendo el primero de ellos el presidente del Gobierno provisional. Pero pronto iba a cambiar la situación, antes de un mes, en mayo, la quema de iglesias, bibliotecas, centros de enseñanza, obras de arte, por parte de multitud de exaltados, eran justificados por las izquierdas como hechos del pueblo, sin que Azaña, ya desde el gobierno pusiese freno a tan infausta devastación. Es más, echaba más leña al fuego al castigar a las víctimas, empezando por disolver a los jesuitas, aunque la medida no se cumpliera de inmediato.

Poco después el alcalaíno iba a influir en los rasgos más antirreligiosos y sectarios de la nueva Constitución, haciéndola no simplemente laica, como se dice, sino hostil a las creencias y sentimientos mayoritarios en el pueblo. Solo esto ya la volvía poco democrática y peligrosa para la convivencia. No fue una constitución elaborada por consenso, sino por el rodillo de la izquierda.

Al disolver a los jesuitas y tratar de asfixiar a las demás órdenes religiosas, prohibiéndoles la enseñanza y cualquier actividad económica, la ley atentaba contra los derechos de conciencia, asociación y expresión, y contra la voluntad de los padres en la enseñanza de sus hijos. Azaña, las justificaba por razones de seguridad de la República, a pesar de que en ningún momento los católicos la hubiesen amenazado. La constitución invitaba a la Guerra civil, como reconoció posteriormente Alcalá Zamora.

Pronto Ortega y Gasset, uno de los padres espirituales de la República, expresaba su célebre "No es esto, no es esto".

La Ley de Defensa de la República, promovida por Azaña y la Ley de Vagos y Maleantes (que muchos consideran que fue creada por Franco), permitieron al gobierno actuar al margen de la Constitución. Esa ley, traería censura, cierre de periódicos, detenciones sin acusación, deportaciones a colonias, etc.

Azaña, sustituye en octubre de 1931 a Alcalá-Zamora como presidente del gobierno provisional, esta situación fue provocada ante las dificultades de formar gobierno por la dimisión de Alcalá Zamora por la cuestión religiosa.

Las órdenes religiosas habían creado las mejores instituciones de enseñanza media del país. Azaña, puso la "guinda" en las Cortes, "No me digáis que va en contra de la libertad. Se trata de una cuestión de salud pública".

Miguel Maura, ministro de la Gobernación, que también había dimitido, señaló que solo dos personas podían hacerse cargo del gobierno, Lerroux o Azaña.

Julián Besteiro, que había asumido temporalmente el cargo de Presidente de la República Española, llamó a Azaña para formar otro gobierno

El alcalaíno contaba con la ventaja de pertenecer a un partido minoritario que tenía buenas relaciones con el resto de los partidos.

Como jefe de gobierno, consiguió que Alcalá Zamora retornase a ocupar la presidencia de la República.

Aprobada la Constitución por abrumadora mayoría, hay que elegir presidente de la República, y se presenta un único candidato, Niceto Alcalá Zamora. A la elección concurren 410 diputados de los 446 que componen la Cámara. Alcalá Zamora obtendría 362 votos. Siete votan a M. Bartolomé Cossío, dos a Besteiro y otro diputado a Unamuno.

Azaña, se refiere al nuevo presidente con dosis de malévola condescendencia y escribe después de la ceremonia: "se hacen presagios poco placenteros sobre el resultado de su gestión".

En diciembre Azaña, presenta su dimisión a Alcalá Zamora, al comprobar como su alianza con los socialistas para formar gobierno es mal vista por Lerroux, quien se retira del Parlamento. El presidente aconsejado por Julián Besteiro, presidente de las Cortes y por el mismo Lerroux, solicita formar nuevo gobierno a Azaña, quien intenta un nuevo equilibrio de fuerzas, con la inclusión de ministros socialistas, sin que vuelva a estar de acuerdo Lerroux.

Azaña vuelve a dimitir, pero Alcalá Zamora le confirma otra vez.

Azaña, se entrega en presentar al congreso de los Diputados, un programa ambicioso. Se trata de la Ley de Reforma Agraria, la incorporación de los sindicatos a las negociaciones laborales, la Ley de Confesiones y Congregaciones religiosas, el Estatuto de Autonomía de Cataluña, ley de reforma educativa con el objetivo de universalizar la enseñanza primaria, la introducción del divorcio, la reforma del Código Civil, la equiparación de derechos entre hombres y mujeres y terminar la reforma militar entre otras cosas.

Sin embargo, el movimiento obrero, cada vez ponía más cerco a los empresarios, quienes tenían que soportar huelgas, la mayoría de las veces con carácter revolucionario. Una huelga general convocada por la Federación de Trabajadores de la Tierra de la UGT, fue reprimida por la Guardia Civil, con el resultado de varias muertes. Asimismo tuvo que hacer frente a la proclamación del comunismo libertario en la cuenca del LLobregat. Azaña, explica cómo ordenó sofocar las rebeliones anarquistas fusilando sobre la marcha a quienes fueran cogidos con armas.

Los sucesos de Castillblanco, un pueblecito de novecientos habitantes en Extremadura, cerca del monasterio de Guadalupe, empezaron a "tocar" a Azaña. Los socialistas del pueblo querían hacer una manifestación, junto con los de otros pueblos contra el gobernador civil de Badajoz. A pesar de negarles el permiso, decidieron efectuarla. Motivo que hizo enviar a las autoridades a la Guardia Civil para impedirla. Cuando llegaron a la localidad, los socialistas cayeron sobre la Benemérita. Mataron a cuatro guardias civiles. Les sacaron los ojos. Mutilaron los cuerpos. En uno de los cadáveres se descubrieron treinta y siete navajazos. No fue posible juzgar a nadie.

En Arnedo (Logroño), la guardia civil por miedo a una repetición de Castillblanco, por nerviosismo o por espíritu de venganza dispara contra unos manifestantes, matando a seis e hiriendo a treinta.

A esta situación se suma la matanza de campesinos de Casas Viejas a cargo de la Guardia de Asalto republicana.

La situación de anarquía que vive el país es un claro retroceso, aumento de la inseguridad, insurrecciones, huelgas revolucionarias anarquistas, fuerte aumento de la delincuencia común, atentados y violencias políticas, estancamiento económico causado por la crisis mundial, pero agravado por la retracción de la iniciativa privada a causa de la inseguridad, empeoramiento del hambre hasta los niveles de principios de siglo, etc.

Son hechos que llevan a Manuel Azaña a cesar el 8 de septiembre de 1933.

El 19 de noviembre de 1933, el voto popular arruina a los partidos republicanos, y el mismo Azaña pudo salir diputado gracias a haberse presentado por las listas del PSOE en Bilbao. Desastre que se explica por el contraste entre sus logros y sus fracasos en el primer bienio. El triunfo de la coalición formada por el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux y la Confederación de Derechas Autónomas de José María Gil-Robles, hace que Azaña se retire temporalmente de la política y se vuelque en su actividad literaria.

Pero los adversos resultados en las urnas no disuadieron a Azaña a volver a ocupar el poder, intentando un golpe de estado, proponiendo a Martínez Barrio y a Alcalá Zamora no convocar las nuevas Cortes y organizar nuevos comicios con garantía de victoria de la izquierda. Según Alcalá Zamora, la presión sobre Martínez Barrio traslucía un fuerte sentido de afinidad masónica.

Azaña, se había iniciado en la masonería en 1932, cuando era Ministro de la Guerra, en su diario de 5 de marzo de 1932 reconoce su iniciación a la masonería :"En la ceremonia del miércoles, enorme concurrencia. No se cabía en los salones de la calle del Príncipe. No me importó nada aquello y durante los preliminares estuve tentado a irme". El caso es que debió de importarle en demasía, porque no se fue, teniendo en cuenta que la masonería había apoyado la instalación de la República y había influido en la redacción de la Constitución.

Esta presión contra la legalidad que él mismo había contribuido a imponer, es citada por Martínez Barrio y Alcalá Zamora en sus Memorias.

En 1934 funda el partido Izquierda Republicana, al fusionarse el partido de Acción Republicana con el Partido Radical-Socialista, liderado por Marcelino Domingo y la Organización Republicana Gallega Autónoma de Casares Quiroga.

La revolución de Asturias, intento de involucionismo por parte del PSOE y de la Izquierda Catalana, tienen a Azaña como instigador.

En la Fundación Pablo Iglesias existen documentos que demuestran que Manuel Azaña había tratado de arrancar al PSOE a un golpe de Estado con base en Barcelona. Los líderes socialistas rechazaron la propuesta, al estar implicados en su propia revolución y no pensaban estar supeditados a partidos burgueses.

En su libro "Mi rebelión en Barcelona", Azaña afirma haber mantenido por entonces una postura legalista, tratando de convencer a Companys para que no atacase a un gobierno legítimo y democrático, como hizo el catalán.

A pesar de las negaciones de Azaña a su participación en las insurrecciones socialistas y catalanas de octubre de 1934, fue considerado culpable, encarcelándole en el destructor Sánchez Barcáiztegui, anclado en el puerto de Barcelona.

Procesado por los hechos que llevaron al inicio de la guerra civil en 1934, su caso fue sobreseído, al igual que sucedió con Largo Caballero, principal y reconocido líder de la revuelta, el cuál salió de la cárcel declarándose dispuesto a volver a intentar la revolución.

Las derechas que habían salvado al régimen republicano de su aniquilación revolucionaria, tampoco supieron aplicar el peso de la Ley a los que habían deseado acabar con el sistema constitucional.

Azaña trató de recomponer con el PSOE una alianza como la del primer bienio.

En el verano de 1935, comenzaron sus grandes mítines, a los que acudía todo un selecto grupo de partidos de izquierdas que saludaban con el puño cerrado y no con pañuelos blanco como sugería. Sus lemas mantienen su sectarismo revolucionario, haciendo apología de la revolución de octubre y exagerando la represión acontecida.

Esa movilización de masas, unida a la intriga del estraperlo, que según indicios organizaron Azaña, Indalecio Prieto y un chantajista holandés llamado Strauss, sirvió para la aniquilación de Lerroux y su partido de centro, casi el único elemento de estabilidad persistente en la República.

La expulsión de la CEDA del poder a finales de 1935, hizo que las izquierdas se preparasen para el asalto al poder creando milicias para llevar a cabo la continuación de la revolución de octubre de 1934.

Cuando el 14 de diciembre de 1935, Portela Valladares formó Gobierno, no pensaba en otra cosa que la convocatoria de elecciones. La izquierda presionaba a Alcalá Zamora para que disolviera las Cortes (la segunda vez durante su mandato, lo que representaba una violación de la Constitución), convocando elecciones para el 16 de febrero de 1936.

El Frente Popular

El 15 de enero de 1936, se firma el pacto del Frente Popular. El socialista Largo Caballero en un artículo publicado en el periódico, El Liberal, de Bilbao el 20 de enero de 1936, anuncia la declaración de guerra civil.

"Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la guerra civil declarada.

Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos"

Ese mismo día, en un mitin celebrado en Linares, Largo Caballero, sigue con su idea revolucionaría

"La clase obrera debe adueñarse del Poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el Poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución".

En este contexto se suceden los mítines socialistas y comunistas, el asalto al Poder por parte del Frente Popular era claro, les daba igual el resultado de las urnas. Mientras tanto los militares, callaban y continuaban vigilantes de cualquier operación involucionista por parte de la izquierda.

El Frente Popular fue suscrito por Unión Republicana, Izquierda Republicana, PSOE, UGT, PCE, FJS, Partido Sindicalista y POUM, partidos todos ellos que meses más tarde con sus checas llevarían el terror a la población desafecta.

Su triunfo dejaba abierta las puertas a la implantación de la dictadura del proletariado.

El fraude de los resultados como explicaría más tarde Alcalá Zamora, en el Journal de Geneve (léase la crónica Alcalá en Guerra) hizo que de 9.716.705 votos emitidos, 4.430.322 fueran para el Frente Popular; 4.511.031 para las derechas y 682.825 para el centro. 91.641 votos fueron en blanco o para otros partidos políticos minoritarios.

Ante estos hechos, el golpe de estado para asaltar el poder estaba en marcha. El Frente Popular llegaba al poder sin la legalidad de las urnas, como había anunciado Largo Caballero.

El 10 de mayo de 1936, Azaña era elegido nuevo presidente de la República, la mecha del enfrentamiento entre españoles estaba encendida. el Frente Popular buscaba la coartada para acabar con el régimen constitucional, no tendrían más que avivarla con la violencia, los desórdenes y los asesinatos en la calle, para que un grupo de militares republicanos cayesen en la trampa de "salvar" al país.

Azaña se da cuenta tarde, es consciente del horror que ha desencadenado. Los intelectuales que en su día le apoyaron, se han exiliado o se han pasado al "bando salvador", ante la imposibilidad de vivir en su "régimen democrático".

Azaña, se convierte en un pelele, le ningunean, le mienten y le tienen al margen de los acontecimientos. Sus diarios de guerra son un excelente relato sobre su estado de ánimo y sus desencuentros con los jefes socialistas del Gobierno, abocados a la dictadura del proletariado.

La Guerra

El comienzo de la guerra civil, le hace coger una profunda depresión. Cobardemente Azaña y el Gobierno huyen de Madrid ante la toma de posiciones del ejército sublevado en las inmediaciones de la Casa de Campo.

Azaña permanecerá en Barcelona semisecuestrado, observará la guerra civil dentro de la guerra civil. Mientras parte de la población va al frente, diferentes sectores de los partidos que forman el Frente Popular se enfrascan en resolver entre ellos sus disputas revolucionarias a tiros por las calles, especialmente sangriento resultó la primavera de 1937 en Barcelona. Azaña, testigo de los acontecimientos no se repondría.

Azaña, pisó por última vez Alcalá, para revistar a las tropas de El Campesino el 17 de noviembre de 1937. A pesar de ser conocido su relato sobre su visita a Alcalá de Henares en sus diarios de guerra, adjunto íntegro su testimonio por su indudable interés.

Entramos en Alcalá. Las puertas de San Justo, de par en par, dejan ver, vacío, el sitio que ocupaba el sepulcro de Cisneros. Era una obra muy buena. La aviación de los rebeldes la ha destruido y gran parte de la iglesia (para conocer los hechos verdaderos, leer crónica Alcalá en guerra).

Azaña jamás condeno el "Pillaje Rojo"  que causó la destrucción, la masacre y la tortura en su pueblo

 

Por la calle Mayor, llegamos a la plaza, atestada de tropas. El pueblecito me parece más triste, más pobre, abandonado como nunca lo estuvo. En la plaza un jefe, con muy elegante uniforme, se me acerca, se cuadra, y derramándosele por la barba una sonrisa meliflua: "Forman siete mil quinientos", dice. Era El Campesino. La mitad de su división ocupa la plaza, en dos masas. Los balcones, cargados de gente. Mucha más en la calle. Revista. El aspecto de la tropa es muy bueno, cien veces mejor que las revistadas en Vicálvaro. Se lo hago notar al general Miaja. "Es la mejor división del ejército", dice muy satisfecho El Campesino, que me ha oído. En el otro extremo de la plaza me detengo unos segundos, para darme cuenta del destrozo de Santa María. Los bombardeos han convertido en solas la antigua capilla "del oidor", que estaba en un ángulo de la iglesia, un poco fuera de su planta general. La iglesia misma parece estropeada. Veo muros almenados. Creo que no tiene techumbre. Pero la insignificante y fea torre está intacta. Santa María es una iglesia muy buena, pero sin acabar. Debió de faltar dinero para una obra tan importante, y la cerraron de cualquier manera. El cerramiento y la torre, pobrísimos, descendían de la gran traza de la iglesia. Allí guardaban la partida de bautismo de Cervantes. Los fundadores de la iglesia –un matrimonio cuyo nombre no recuerdo- tenían un túmulo, con dos estatuas yacentes. Hace muchos años, no sé qué párroco, con motivo de unas obras, levantó dos bultos y los colocó adosados a un muro, en posición erecta, de modo que los, almohadones en que reposaban las cabezas vinieron a parecer maletas que gravitaban sobre los, hombros. Así los he conocido yo siempre, Recuerdo que mi abuelo, en vejez, cuando se arrellanaba en un sillón para dormir la siesta y se hacía colocar una almohada detrás de la cabeza, le decía al sirviente: "Ponme como los fundadores de Santa María". Quiere decirse que todo el mundo se reía de aquel disparate. Tengo la noción muy imprecisa de que al fin se remedió, en una restauración de la iglesia.

Después de la revista, desfile, que presenciamos desde un balcón de la calle Libreros. Entre el gentío, descubro algunas caras conocidas, ya bajo la máscara de la vejez, que me sonríen y a las que me es imposible darles un nombre. En un balcón frontero se agolpa una familia. Al fondo por encima de las cabezas de la gente menuda, una señora grave no me quita ojo. Creerá que está viendo al monstruo, a quien seguramente conoció de pequeño. Rápida visita al Ayuntamiento. El público se arremolina, vocifera, nos corta el paso. Mujeres del pueblo suben al estribo del coche, golpean los cristales. Y una, muy dramática, llorosa, se desgañita: "Le he llevado en mis brazos...Sí...En la calle de la Imagen...Le he llevado en brazos..." ¡Pobre! Mucho tiempo ha pasado. Ya no podría conmigo, cuando recaiga en la segunda infancia.

Con el paso del tiempo y cosechando derrota tras derrota las fuerzas del Frente Popular, a pesar de contar con los mejores aviones y tanques de la época, la industria, el dinero del Banco de España y las Brigadas Internacionales. El caos se había apoderado de la nación. Azaña, dos años después de iniciarse las hostilidades bélicas, elevaba un misterioso discurso ante las Cortes donde reclamaba: "Paz, Piedad y perdón".

Ni el general Franco, ni la Iglesia estaban en condiciones de negociar con un estado resquebrajado y que había llevado a España a la ruina.

El propio Azaña anunció quienes fueron los responsables de su fracaso republicano: "Si la República Española se hunde, nuestra será la culpa. No hay ya a quién echar el fardo de la responsabilidad".

Exilio y muerte

Azaña, huyó de España el 5 de febrero, se instaló en Francia en la localidad de Collonges-sous-Salève, en una casa que había alquilado un año antes Cipriano Rivas Cherif. Cuando, el 27 de febrero, los gobiernos de Gran Bretaña y Francia reconocen oficialmente al gobierno del General Franco, Azaña, renuncia a su cargo de Presidente del Gobierno. Ante el temor de la invasión de Francia por parte de Alemania, se traslada cerca de Burdeos a Pyla-sur-Mer.

En esta localidad sufre una gripe en 1940 que le deja graves complicaciones. A pesar de su estado de salud, es perseguido por la policía política alemana (GESTAPO) con el fin de entregarle a los tribunales del General Franco.

El embajador de México consigue evacuarle al Hotel du Midi de Montauban, donde la legación mexicana contaba con varias habitaciones. En la habitación nº 11 del hotel, Manuel Azaña fallecía el 4 de noviembre de 1940.

El mariscal Pétain prohibió que se le enterrara con honores de Jefe de Estado, es más, prohibió que la bandera republicana cubriera su féretro. El embajador de México decidió que fuera enterrado cubierto con la bandera tricolor mexicana.

Manuel Azaña, el "monstruo", como le describían sus enemigos, por su fealdad, misoginia, su existencia oscura y su carácter deshumanizado, fue enterrado en el cementerio de Montauban; dejando estipulado que sus restos no fueran movidos del lugar donde reposan.

Ignacio Sánchez

 

 
 

Manual Azaña: Un masón que fomentó el odio y la guerra entre hermanos

 
 

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