Madrid.  Lunes 18 de mayo de 2009                                                                       
 
 

Alcalá en Guerra.- El pillaje Rojo

 
 

Nuestra Catedral Magistral después de la visita de los "progresistas"

 

 
 

Febrero 1936, negros nubarrones se ciernen sobre la piel de toro ibérica, en España una coalición de partidos toma el camino de la revolución. Si dos años antes el gobierno republicano tuvo que abortar un intento del partido socialista y de la Izquierda catalana de llegar al poder bajo la fuerza de las armas, ahora con la llegada al poder del Frente Popular el camino de la revolución y anarquía está expedito. Los ilustres hombres de la República aún creen en su democracia y en su libertad. Manuel Azaña toma la presidencia de la República, es un cargo simbólico, desde un principio sus presidentes de gobierno le mantendrán oculto. Victima de la mentira, del odio y de la sin razón, el alcalaíno será preso de su propia ignorancia en cuestiones internas. Su elocuencia quedará supeditada a "regar" los oídos de sus fieles. Socialistas, anarquistas y comunistas, solo piensan en la revolución. Su habilidad en el manejo de la información y de la censura en una España con un alto índice de población analfabeta está prendiendo la mecha de la guerra civil.

Niceto Alcalá Zamora, presidente de la II República Española, escribe el 17 de enero de 1937 en el Journal de Geneve.

A pesar de los refuerzos sindicalistas, el Frente Popular obtenía solamente un poco más, muy poco de 200 actas, en un parlamento de 473 diputados. Resultó la minoría más importante pero la mayoría absoluta se le escapaba. Sin embargo, logró conquistarla consumiendo dos etapas a toda velocidad, violando todos los escrúpulos de legalidad y de conciencia.

Primera etapa. Desde el 17 de febrero, incluso desde la noche del 16, el Frente popular, sin esperar el fin del recuento del escrutinio y la proclamación de los resultados, la que debería haber tenido lugar antes de las Juntas Provinciales del Censo en el jueves 20, desencadenó en la calle la ofensiva del desorden, reclamó el Poder por medio de la violencia. Crisis: algunos Gobernadores Civiles dimitieron. A instigación de dirigentes irresponsables, la muchedumbre se apoderó de los documentos electorales: en muchas localidades los resultados pudieron ser falsificados.

Segunda etapa: Conquistada la mayoría de este modo, fue fácilmente hacerla aplastante. Reforzada con una extraña alianza con los reaccionarios vascos, el Frente Popular eligió la Comisión de validez de las actas parlamentarias, la que procedió de una manera arbitraria. Se anularon todas las actas de ciertas provincias donde la oposición resultó victoriosa; se proclamaron diputados a candidatos amigos vencidos. Se expulsaron de las Cortes a varios diputados de las minorías. No se trataba solamente de una ciega pasión sectaria; hacer en la Cámara una convención, aplastar a la oposición y sujetar el grupo menos exaltado del Frente Popular. Desde el momento en que la mayoría de las izquierdas pudiera prescindir de él, este grupo no era sino el juguete de las peores locuras.

Fue así que las Cortes prepararon dos golpes de estado parlamentarios. Con el primero, se declararon a sí mismas indisolubles durante la duración del mandato presidencial. Con el segundo, me revocaron. El último obstáculo estaba descartado en el camino de la anarquía y de todas las violencias de la guerra civil.

En Alcalá de Henares por aquél tiempo, su rico patrimonio eclesial era un referente para la codicia y el saqueo de las iluminadas milicias políticas y sindicales. Desde que Azaña proclamase su conocido "España ha dejado de ser católica", su Ciudad estaba en el punto de mira, solo habría que esperar el momento oportuno para iniciar la destrucción y el saqueo.

Cuando en 1934 el partido socialista y la Esquerra de Cataluña, dieron el golpe de Estado contra la República, en Alcalá el Gobernador Civil sustituyó a la corporación municipal elegida en 1931 por una comisión gestora formada por  los mayores contribuyentes alcalaínos, Manuel López, Cayo del Campo, Félix Postigo, Manuel Palero, Ángel del Campo, Braulio Gallo, Alfonso Revilla, Vicente Hernández, Juan Gaviña, Justo Minués, Jesús Prieto, Gerardo Cebada, Federico Arbós, Fernando Sánchez, Aniceto Moya y Sandalio Nieto, eligiendo alcalde a Ángel del Campo, esta situación supuso que los socialistas perdiesen su hegemonía municipal a cambio de los terratenientes.

En seguida se pusieron manos a la obra para resolver los principales problemas que acuciaban a Alcalá, el paro y la traída de aguas. La Junta nacional les concedió 40.000 pesetas para paliar el paro con la construcción de un nuevo alcantarillado, asimismo el Consejo de Ministros ordenó que saliera a subasta la construcción de un pabellón para el alojamiento de tropas en el campo de aviación, por 300.000 pesetas.

El cambió ideológico en el Ayuntamiento, supuso que las clases sociales se distanciaran cada vez más de la Corporación Municipal. A pesar de los beneficios que se estaban consiguiendo el pueblo revolucionario y analfabeto caía en la demagogia fácil de los partidos extremistas.

Cuando en febrero de 1936, las urnas alcalaínas contaron con la presencia del voto de las religiosas, ya se oían cantos radicales llamando al enfrentamiento si no ganaba la coalición de izquierdas del Frente Popular. Retornaron a sus puestos la Corporación Municipal salida de las urnas en 1931. Presidida la sesión del 21 de febrero de 1936 por el republicano Juan Antonio Cumplido, su primer paso, fue impedir a las personas que habían ocupado anteriormente el Ayuntamiento su acceso político al mismo.

Poco pudo disfrutar el cargo Juan Antonio Cumplido, cuando el 4 de marzo hubo un enfrentamiento en la calle Mayor que acabó con dos heridos. Esta situación hizo que se encarcelara a los votantes de los partidos que no estaban incluidos en el Frente Popular.

No viendo motivos para la detención, la Dirección General de Seguridad, emitió órdenes para que fueran puestos en libertad, a pesar que el alcalde el mismo día de autos, remitió un informe achacando los disturbios a personas de Acción Popular.

No contentas las turbas obreras con esta disposición, convocaron huelga general de 24 horas el día 5, iniciando su obra destructora con el saqueo y la quema de mobiliario de  la iglesia de Jesuitas, después se dirigieron a las casas de personas desafectas del Frente Popular, donde realizaron diverso daños a su patrimonio. El camino quedaba abierto para el saque, la destrucción y el pillaje. Viendo el cariz que estaban tomado los acontecimientos, sobre todo cuando los “revolucionarios” emprendieron el camino de incendiar el resto de conventos e iglesias de Alcalá, el alcalde solicitó protección al Comandante Militar de la Plaza, quien saco dos escuadrones de caballería para solventar la situación.

Ni que decir tiene, que este hecho le costó el puesto a Juan Antonio Cumplido, presionado por los socialistas.

El 17 de marzo fue elegido alcalde, Pedro Blas Fernández del partido socialista, quien con su permisividad alentó los sucesos del verano de 1936.

Anteriormente en mayo, los partidarios del frente popular, ya estaban a la caza y captura de cualquier persona que no comulgase con su revolucionarias ideas, fueron continuas las redadas a la caza del personal desafecto y sobre todo del militar sospechoso.

En España se estaba iniciando por parte de la izquierda el germen de la guerra civil. Huelgas, atentados, asesinatos constituían en la primavera de 1936 la portada de los periódicos. El Gobierno era incapaz de pararlo. Una huelga de la construcción en mayo dejó sin trabajo a los obreros del manicomio. Hubo un atentado interno en la Casa de Trabajo contra uno de los guardias, y eran continuos los desórdenes entre empresarios y trabajadores en Corpa y Villalbilla. Las huelgas generales en los pueblos del partido judicial estaban a la orden del día.

Para evitar que en Alcalá continuasen los enfrentamientos entre los regimientos de Caballería acuartelados y los votantes del Frente Popular, se ordenó la salida de la guarnición, siendo sustituidos por un Batallón de Infantería Ciclista y el 7º Batallón de Zapadores-Minadores, al mando de reconocidos mandos republicanos como Monterde y Azcárate, este amigo personal de Azaña.

Cuando el general Mola, cerebro del levantamiento militar, instó a un general Franco, reacio al principio del mismo, de que tomase el mando del ejército de Africa, el gobierno del Frente Popular quedó impertérrito ante lo que supusieron "otra sanjurjada".

Desde el primer momento el Gobierno contó con la mayoría de la Marina y de la Aviación. Había abortado la sublevación en las principales capitales de provincia y minoró el puente aéreo del ejército de África. ¿Por qué no lo abortó? Franco en un principio, solo dispuso de tres transportes FOKKER F-VII b/3m, un DOUGLAS DC-2 y dos hidroaviones DORNIER "WAL", que hicieron el doble trayecto de Tetuán a Sevilla y de Ceuta a Algeciras. Hasta que llegó la ayuda alemana e italiana, se pudieron fácilmente haber dejado las tropas aisladas en África con la Flota y la Aviación Gubernamental.

La guarnición de Alcalá de Henares en el momento de la sublevación estaba compuesta por el 7º Batallón de Zapadores-Minadores al mando del coronel Mariano Monterde, que a su vez era el Comandante Militar de la Plaza y el Batallón de infantería ciclista al mando del teniente coronel Gumersindo Azcárate. A Alcalá llegaba toda clase de noticias sobre los acontecimientos de Madrid y el resto de provincias, sin que a ciencia cierta nadie tomase una posición definida, entre la soldadesca había miedo y temor, los oficiales trataban por todos los medios de mantener la disciplina. Mientras, los jefes afectos al Gobierno tomaron las primeras medidas al arrestar al comandante del campo de aviación Gómez Jordana y a cuatro oficiales, con lo que el aeródromo se salvaba para la República.

El Gobierno ordena el 20 de julio a las tropas alcalaínas que se desplacen a la carretera de Burgos a cortar el paso a las fuerzas del general Mola que avanzan por Somosierra.

La mayor parte de los oficiales se niegan a cumplir las órdenes , se había tomado el acuerdo de salir todos juntos, no disparar contra fuerzas españolas, y no hacer nada que pusiera en peligro a la tropa, solicitando al coronel Monterde órdenes concretas. Al verse menospreciados los jefes echaron manos de sus pistolas, hubo momentos de discusión y tensión, los oficiales les conminaron a que dejasen las armas, sacando sus pistolas, al no ser obedecidos dispararon contra los jefes, matando al coronel Monterde e hiriendo gravemente al Teniente Coronel Azcárate.

El comandante Baldomero Rojo, se hizo con el mando y declaró el estado de guerra, redactando un bando, que fue publicado en la plaza de Cervantes.

A continuación dio orden para que los oficinales se destacasen con sus compañías a los puntos estratégicos de la Ciudad, ocupando el Ayuntamiento, la plaza de los Santos Niños y la torre de la Magistral, calle mayor, Plaza de Cervantes, Palacio Arzobispal y oficinas de correos y telégrafos. Las tropas se enfrentaron a milicianos armados, entre los que hubo algunos muertos. Pero el fin de la sublevación en Alcalá llegaría pronto.

Conocidos los hechos, el Gobierno envió al coronel Puigdendolas al mando de una columna mixta de soldados y milicianos, estos que habían participado en los execrables crímenes del cuartel de la Montaña, ávidos de sangre y de destrucción, Alcalá se les antojaba la presa perfecta para sus desmanes. Tras los primeros tiroteos y viendo la superioridad de la tropa a la que se enfrentaban, a pesar de las bajas que les inflingieron a causa de la escasa experiencia guerrera de los milicianos, los soldados fueron desertando y a los oficiales no les quedó más remedio que entregarse.

Alcalá se constituía a partir de ese momento en ciudad abierta para el saqueo, la muerte y la destrucción.

Las primeras victimas del "orden Rojo", fueron un cadete y un alférez, que no habían tomado parte activa en la sublevación. A partir de ahí, su cimentado odio azañista, la iglesia en Alcalá constituía todo un tesoro para sus desmanes. En tres días asesinaron al coadjutor de la Parroquia de San Pedro, a su sacristán, al capellán de las Bernardas, al capellán de las Adoratrices, a su padre, al párroco de los Santos de la Humosa y a tres religiosos escolapios.

Alcalá era victima del holocausto del Frente Popular, a los milicianos se habían sumado los presos que había liberado de las cárceles, los cuarteles, sin soldados al licenciar el gobierno la tropa, eran saqueados y sus armas repartidas. Cualquier sospechoso de no ser afecto al régimen era "paseado". Sus casas eran registradas y saqueadas. Los comercios y bares desvalijados. Las autoridades municipales del mismo perfil político que los autores de los desmanes, no ponían ningún remedio para impedir la barbarie. A pesar de los continuos requerimientos que desde el Gobierno se hacía para que se evitase el terror. Desde el Ayuntamiento tan solo se enviaba la lista de fallecidos.

Desde que por la puerta de Madrid, asomaron los primeros milicianos, y contemplaron la torre de la iglesia Magistral, el objetivo estaba claro, no quedaría piedra que recordase al Templo, máxime cuando los sublevados habían instalado ametralladoras en la torre de la Colegiata. El 21 de julio, una vez rendidos los últimos soldados, se procedió al robo y profanación de todos los objetos que tuvieran un valor histórico, artístico o religioso. Los restos del cardenal Cisneros fueron sacados de la arqueta que los guardaba en su cripta y esparcidos por el suelo. A esto se unió la destrucción o desaparición de cuadros, imágenes de plata como las que representaban a los Santos Niños o la imagen gótica de Santa María de Jesús, procedente del antiguo convento de San Diego.

Nuestras Santas Formas desaparecieron fruto del Pillaje Rojo

Pero para el pueblo alcalaíno, tradicional y devoto, su mayor dolor fue la desaparición de la custodia de las Santas Formas del Milagro.

El anticlericalismo del proletariado, llevó a suspender la procesión de las Santas Formas desde el primer momento de la proclamación republicana, así como el resto de cualquier expresión religiosa. El culto y las procesiones se realizarían en el interior de las iglesias y con la menor publicidad posible, ya que cualquier individuo que pusiese los pies en un templo era sospechoso de conspiración contra la República, sobre todo teniendo en cuenta que desde un primer momento se había señalado a la Iglesia, como el gran obstáculo que impedía la revolución proletaria.

El 18 de julio de 1931, se trasladaron en una veloz procesión, desde la Iglesia de Jesuitas a la Magistral, las reliquias de los Santos Niños, el cuerpo de San Diego y las Santas Formas, junto a un buen número de imágenes, todo se hizo en el mayor de los silencios, sin escolta de honor o tañido de las campanas, no había que alterar el orden “legalmente” establecido.

 Aunque el 6 de mayo 1934 con el nuevo gobierno de la CEDA, se permitió que la calle recobrase el esplendor eucarístico de antaño. Pero las provocaciones fueron continuas, desatándose graves incidentes como estaba previsto por los militantes de izquierda.

Y es que su veneración se había constituido en la fiesta mayor de Alcalá. teniendo en cuenta el milagroso origen de las mismas.

La historia de las Santas Formas del Milagro

Primavera de 1597, un morisco accede a la iglesia de jesuitas y pide al padre Juan Juárez confesión, en el transcurso de la misma se confiesa autor de la profanación de varias iglesias junto a otros compañeros y le entrega veinticuatro formas consagradas, fruto de sus robos envueltas en papel. Los jesuitas sin saber que hacer, ya que sospechaban que si las consumían podían estar envenenadas, ya que se habían dado varios casos de envenenamiento de religiosos en Murcia y en Segovia, y descartada su destrucción por si podían estar consagradas, como había advertido el morisco, decidieron guardarlas en una cajita de plata que depositaron en el altar mayor, esperando que con el tiempo se corrompiesen.

Cuando después de unos meses, los jesuitas abrieron la cajita de plata observaron que las formas permanecían incólumes, entonces decidieron poner a su lado otras sin consagrar y depositarlas dentro de su envoltorio en un lugar subterráneo y húmedo, con el fin de acelerar su descomposición. Pasado el tiempo las formas entregadas por el morisco permanecían frescas, mientras que el resto estaban corrompidas.

Ante este misterio, los jesuitas decidieron someter a las formas a estudios científicos para determinar la razón que justificara su incorruptibilidad, no encontrando ningún fundamento, se apoyó el carácter milagroso del hecho.

A partir de ese momento las Santas Formas se convirtieron en objeto de devoción y fervor, constituyéndose el día de su veneración en la Fiesta Mayor de Alcalá.

Los actos religiosos que tenían lugar consistían en una misa por la mañana y una procesión por la tarde. Toda la ciudad vestía sus mejores galas, se acudía con los mejores ropajes y vestidos. Alcalá constituyó un punto de encuentro del fervor popular y foráneo. Ya en 1622, cuando tuvo lugar la aprobación oficial del milagro, las Santas Formas habían pasado de la cajita de plata a la custodia que para tal fin donó el cardenal Spínola, y que fue la sustraída de la Magistral durante su saqueo el 21 ó 22 de julio de 1936. La custodia era de plata maciza sobredorada, con una forma muy similar al tabernáculo del retablo mayor de la iglesia de los jesuitas: Una cúpula semiesférica rematada con una cruz y sostenida por cuatro pares de columnas. En su interior se encontraba un viril (custodia de menor tamaño) de forma octogonal, con tres ventanas por lado en las cuales se colocaron las veinticuatro formas que se conservaban (diecinueve enteras y cuatro partidas), todas ellas protegidas por unos gruesos cristales de roca que fueron soldados a la custodia para evitar posibles sustituciones. Todo el conjunto se sustentaba en una columna que terminaba en una base cuadrada y más tarde se añadió un anillo de cruz al remate.

Con su desaparición, se perdió la mayor tradición de Alcalá. Mientras en el período 1936-1939, continuaba dándose buena cuenta del patrimonio alcalaíno.

 

 

En el Beaterio de Clarisas de San Diego, desaparecieron pinturas, muebles y objetos artísticos, motivados por el saqueo republicano.

El colegio de Málaga al igual que el Colegio de Trinitarios Descalzos al ser usados como cuarteles sufrieron desperfectos de diversa consideración.

El convento de Carmelitas de la Imagen, tomado por la Brigada 46 del Campesino y las hordas del Frente Popular, sufrió desperfectos arquitectónicos, desaparición de pinturas, muebles y objetos artísticos.

El convento de Carmelitas de Afuera, una vez saqueado y convertido en cuartel y prisión, se utilizó la iglesia como fragua. Desaparecieron pinturas, muebles y objetos artísticos. Se incendiaron las celdas y se construyó un refugio antiaéreo en la huerta.

El convento de las Juanas (antiguo de Agustino Recoletos), una vez saqueado, se utilizó como cuartel y la Iglesia como garaje. Se destruyó el retablo para hacer leña y desaparecieron muebles y objetos artísticos.

El convento de las Magdalenas, una vez saqueado por los republicanos fue utilizado como cuartel y almacén de ropa militar, y la iglesia como garaje y arsenal. Se destruyó la cúpula, sufriendo daños el retablo mayor y otros altares. Desaparecieron los muebles, pinturas, imágenes y objetos artísticos.

El convento de Santa clara, una vez saqueado sirvió como residencia de familiares y evacuados. Desaparecieron los cuadros del retablo mayor, así como otras pinturas y objetos artísticos, sufriendo desperfectos arquitectónicos considerables.

El convento de Santa Catalina, una vez saqueado se utilizó como residencia de familiares y evacuados, ubicándose la cocina en la iglesia. Desaparecieron pinturas, muebles y objetos artísticos. Desperfectos arquitectónicos en las cubiertas y en el claustro.

El convento de Santa Ursula se utilizó como residencia de familiares y evacuados. Desaparecieron pinturas y objetos artísticos. Se profanaron las tumbas, sufriendo diversos desperfectos arquitectónicos.

En la Ermita del Cristo de los Doctrinos, desaparecieron alhajas y muebles.

La Ermita de San Isidro fue aprovechado el armazón del tejado para hacer leña, desapareció la cubierta y objetos de valor artístico.

La Iglesia de los Jesuitas, fue saqueada e incendiado el interior, afectando especialmente a la imagineria del retablo mayor.

La iglesia Magistral, fruto de la represión republicana, una vez incendiada y saqueada, sirvieron sus ruinas como vivienda de indigentes, aprovechándose sus piedras para construir refugios antiaéreos.

Se derrumbaron las bóvedas sobre los sepulcros de Cisneros y Carrillo. Desaparecieron la sillería del coro, retablo principal, altares, tapices, órganos, puertas, cuadros, imágenes y muebles.

La Iglesia de Santa María, en la plaza de Cervantes, fruto de la represión republicana el 26 de julio de 1936, fue incendiada y saqueada, usando las ruinas al igual que sucedió con la Iglesia Magistral de refugio de indigentes y aprovechando sus piedras para construir refugios antiaéreos, especialmente el de la misma plaza Mayor.

Las llamas derrumbaron las bóvedas, desaparecieron el retablo principal, los cuadros, pinturas murales, alhajas y diverso mobiliario. Los graves desperfectos arquitectónicos, llegaron a las capillas del Oidor y de Antezana, donde resultó destruida la pila bautismal de Cervantes y los diversos sepulcros.

En la Iglesia de Santiago, ubicada en la calle del mismo nombre, fue derribada su puerta con un vehículo blindado, desapareciendo el retablo y diverso mobiliario.

La Universidad, utilizada como cuartel general de la Brigada de El Campesino, sufrió graves desperfectos en la Capilla de San Ildefonso y en el Colegio de San Pedro y San Pablo.

El oratorio de San Felipe Neri, sufrió la desaparición de imágenes, cuadros y alhajas, la iglesia se utilizó como garaje y el interior del convento como cárcel del pueblo "checa". En este lugar tuvieron lugar los más execrables métodos de tortura y represión.

Jesús Hernández, ministro por aquél entonces y perteneciente al partido comunista, describe los métodos utilizados por los agentes soviéticos en España en su obra, Yo fui ministro de Stalin.

Expertos los verdugos en la ciencia de "quebrar" a los prisioneros políticos, en obtener "espontáneas" confesiones, creyeron encontrar en la enfermiza naturaleza de Andrés Nín el material adecuado para brindar a Stalin el éxito apetecido.

En días sin noche, sin comienzo ni fin, en jornadas de diez y veinte y cuarenta horas ininterrumpidas, tuvieron lugar los interrogatorios. Quien de ello me informó tenía sobrados motivos para estar enterado. Era uno de los ayudantes de más confianza de Orlov (...) Con Nín empezó empleando Orlov el procedimiento "seco". Un acoso implacable de horas y horas con el "confiese", "declare", "reconozca", "le conviene","puede salvarse", "es mejor para usted", alternando los "consejos" con las amenazas e insultos. Es un procedimiento científico que tiende a agotar las energías mentales, a desmoralizar al detenido. La fatiga física le va venciendo, la ausencia del sueño embotándole los sentidos y la tensión nerviosa destruyéndole. Así se le va minando la voluntad, rompiéndole la entereza. Al prisionero se le tienen horas enteras de pie, sin permitirle sentarse hasta que se desploma tronchado por el insoportable dolor de los riñones. Alcanzado ese punto, el cuerpo se hace espantosamente pesado y las vértebras cervicales se niegan a sostener la cabeza.

Toda la espina dorsal duele como si la partieran a pedazos. Los pies se hinchan y un cansancio mortal se apodera del prisionero, que ya no tiene otro afán que el de logar un momento de reposo, de cerrar los ojos un instante, de olvidarse de que existe él y de que existe el mundo. Cuando materialmente es imposible seguir el "interrogatorio", se suspende. El prisionero es arrastrado a su celda. Se le deja tranquilo unos minutos, los suficientes para que recobre un poco su equilibrio mental y comience a adquirir conciencia del espanto de la prolongación del "interrogatorio" monótono, siempre igual en las preguntas e insensible a las respuestas que no sean de plena inculpación. Veinte o treinta minutos de descanso son suficientes. No se le conceden más. Y nuevamente se reanuda la sesión. Vuelven los "consejos", vuelve el tiempo sin medida en que cada minuto es una eternidad de sufrimiento y de fatiga, de cansancio moral y físico. El prisionero acaba desplomándose con el cuerpo invertebrado. Ya no discute, ni se defiende, no reflexiona, sólo quiere que le dejen dormir, descansar, sentarse. Y se suceden los días y las noches en implacable detención del tiempo. Del prisionero se va apoderando el desaliento, produciendo un desmayo en la voluntad. Sabe que es imposible salir con vida de las garras de sus martirizadores y su anhelo se va concentrando en un irrefrenable deseo de que le dejen vivir en paz sus últimas horas o de que lo acaben cuanto antes. "¿Qué quieren que diga que sí? Quizá admitiendo la culpabilidad me maten de una vez." Y esta idea comienza a devorar la entereza del hombre.

Las checas de las torturas

Checa de tortura en donde  ponían ladrillos o cantos para que el prisionero no se pudiese tumbar y mantenerlo en pie

Andrés Nín, dirigente del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), fue torturado y posiblemente asesinado en Alcalá de Henares. Su cuerpo nunca fue encontrado.

En Madrid capital se contabilizaron 196 checas del frente popular, perteneciendo al Partido Socialista y a la UGT, las siguientes:

Alcalá, 138: Círculo Socialista del Este.

Antillón, 4: Checa comunista-socialista del Puente de Segovia.

Amor de dios, 1 (palacio de Somosancho): Círculo Socialista.

Antonio Vincent, 57 Radio de las Juventudes Socialistas Unificadas.

Valencia, 5: Círculo socialista del sur.

Velázquez, 50: Círculo socialista del sur.

Caballero de Gracia, 28: Sindicato de Tramoyistas de la UGT.

Cáceres, 10 y 12: Círculo Socialista y después checa de la 36 Brigada.

Cadarso, 6: Centro de las Juventudes Socialistas Unificadas.

Concordia, 6 (puente de Vallecas): Casa del Pueblo, del Partido Socialista.

Carril del Conde (hotel de D.J. Gutiérrez): Checa socialista-comunista de Ventas.

Plaza de Colón, 1 (palacio de Medinaceli): Checa de la Brigada Motorizada Socialista.

Plaza de las Comendadoras, 1: Radio 8 de las Juventudes Socialistas Unificadas.

Don Pedro 10: Círculo Socialista Latina-Inclusa y checa de milicias de retaguardia.

Embajadores, 116 (cine Montecarlo): Círculo socialista del sur.

Espronceda, 32: Radio de las Juventudes Socialistas Unificadas.

Eugenia Salazar, 2: Checa socialista.

Ezequiel Solana, 2 y 4: Checa socialista.

Fuencarral, 103: Comisión Electoral de la Agrupación Socialista Madrileña y grupo de Policía afecto a esta checa.

Paseo de la Florida (ermita de San Antonio): Checa autónoma socialista-comunista.

General Martínez Campos, 8: Círculo Socialista del Norte.

General Martínez Campos, 23: Checa de las milicias Leones Rojos de dependientes de comercio de la UGT.

Goya, 10: Sindicato de Transportes de la UGT.

Granada, 4: Checa de la JSU, dependiente de la de Zurbano, 68.

Marqués del Riscal, 1: Checa del Círculo Socialista del Sur y de la Compañía de Enlace, dependiente del ministerio de la Gobernación, Ángel Galarza.

Martínez de la Rosa, 1: Checa socialista de García Atadell, de las Milicias Populares de Investigación.

Mendizábal, 24: Radio 7 de las JSU.

Mesón de Paredes, 76: Círculo Socialista del Sur.

Miguel Ángel, 1: Checa del Sindicato de Dependientes Municipales de la UGT.

Montera, 22: Checa de los Listeros de la UGT.

Núñez de Balboa, 62: Juventudes Socialistas Unificadas.

O´Donell, 8 (hotel don Alejandro Lerroux): Círculo Socialista del Este.

Avenida de Julián Marín (Fundación Caldeiro). Checa de las Milicias Socialistas del Este.

Nicasio Gallego, 19: Sindicato de la Piel, de la UGT y checa de milicias.

Paloma, 19 y 21: Círculo Socialista Latina-Inclusa.

Princesa, 13 y 15: Radio 7 de las JSU.

Raimundo Lulio, 8: Radio 9 de las JSU.

Rollo, 2: Círculo Socialista del Distrito Latina-Inclusa.

Sacramento, 1: Círculo Socialista Latina-Inclusa.

Seminario Conciliar: Círculo Socialista Latina-Inclusa.

San Isidro, 5: Checa comunista-socialista del Puente de Segovia.

Toledo, 98: Círculo Socialista Latina-Inclusa

Carretera de Valencia, 70 (escuelas cristianas): Checa Socialista.

El hecho de establecerse en Alcalá de Henares, el cuartel General del Ejército del Centro, hizo que la Ciudad conociese una actividad desconocida hasta el momento. El asentamiento de la división comunista de El Campesino, iba a empeorar la situación de la población por la especial peculiaridad de este individuo. Los continuos abusos y provocaciones de este personaje y las tropas a su mando con la población civil, fueron motivos de multitud de quejas al Consistorio. Conflicto que llegó a un grave enfrentamiento con el alcalde por aquel entonces, el socialista Simón García de Pedro, que a duras penas trataba de mantener y conservar el poder civil ante el militar.

El fraccionamiento que se estaba dando entre las Fuerzas del Frente Popular cada vez era más evidente, teniendo en cuenta que a pesar del volumen de hombres y material, la República no sabía como ganar la guerra.

Con la llegada en marzo de 1939 del golpe del coronel Segismundo Casado, las tropas comunistas que entonces estaban de guardia en Alcalá, la 300 brigada guerrillera y la 1ª Brigada de Tanques, se sublevaron y marcharon sobre Madrid intentando recuperar la Capital y continuar la guerra.  La escasa guarnición que dejaron en Alcalá. Alrededor de 300 hombres, permitió al anarquista Liberino González hacerse con la ciudad sin apenas bajas. Después continuo su camino hacia Madrid, donde unido a las tropas anarquistas de Cipriano Mera consiguió vencer la oposición comunista. Tras esta victoria, más de 15.000 comunistas fueron hechos prisioneros, trasladándoles al Manicomio de Alcalá de Henares, convertido en campo de concentración, donde las disputas y conatos de evasión fueron frecuentes entre la amplia población carcelaria y sus captores, que en algunos casos tuvieron que tomar fulminantes medidas de disciplina. La falta de espacio, higiene y de abastecimiento causaba verdaderos problemas. Cuando las tropas vencedoras ocuparon Alcalá, la imagen que se ofreció a su vista fue similar a la que algunos años después ofrecieron los noticiarios documentales aliados tras la liberación de los campos de concentración nazis.

Recientemente se descubrieron restos humanos procedentes del período republicano en el antiguo manicomio, hoy base Primo de Rivera, este hecho hasta el momento se ha silenciado, desconociéndose el origen y la identidad de los mismos, a pesar de las técnicas de hoy en día, y es que en algunos casos parece que es mejor conservar la “desmemoria histórica”.

Ignacio Sánchez

 

 
 

 
 

Niveles de OZONO en la ciudad

El tiempo en la Comunidad de Madrid

Agua embalsada en el embalse de Beleña

 
 
 

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