Febrero 1936, negros nubarrones se ciernen sobre
la piel de toro ibérica, en España una coalición
de partidos toma el camino de la revolución. Si
dos años antes el gobierno republicano tuvo que
abortar un intento del partido socialista y de
la Izquierda catalana de llegar al poder bajo la
fuerza de las armas, ahora con la llegada al
poder del Frente Popular el camino de la
revolución y anarquía está expedito. Los
ilustres hombres de la República aún creen en su
democracia y en su libertad. Manuel Azaña toma
la presidencia de la República, es un cargo
simbólico, desde un principio sus presidentes de
gobierno le mantendrán oculto. Victima de la
mentira, del odio y de la sin razón, el
alcalaíno será preso de su propia ignorancia en
cuestiones internas. Su elocuencia quedará
supeditada a "regar" los oídos de sus fieles.
Socialistas, anarquistas y comunistas, solo
piensan en la revolución. Su habilidad en el
manejo de la información y de la censura en una
España con un alto índice de población
analfabeta está prendiendo la mecha de la guerra
civil.
Niceto Alcalá Zamora, presidente de la II
República Española, escribe el 17 de enero de
1937 en el
Journal de Geneve.
A
pesar de los refuerzos sindicalistas, el Frente
Popular obtenía solamente un poco más, muy poco
de 200 actas, en un parlamento de 473 diputados.
Resultó la minoría más importante pero la
mayoría absoluta se le escapaba. Sin embargo,
logró conquistarla consumiendo dos etapas a toda
velocidad, violando todos los escrúpulos de
legalidad y de conciencia.
Primera etapa. Desde el 17 de febrero, incluso
desde la noche del 16, el Frente popular, sin
esperar el fin del recuento del escrutinio y la
proclamación de los resultados, la que debería
haber tenido lugar antes de las Juntas
Provinciales del Censo en el jueves 20,
desencadenó en la calle la ofensiva del
desorden, reclamó el Poder por medio de la
violencia. Crisis: algunos Gobernadores Civiles
dimitieron. A instigación de dirigentes
irresponsables, la muchedumbre se apoderó de los
documentos electorales: en muchas localidades
los resultados pudieron ser falsificados.
Segunda etapa: Conquistada la mayoría de este
modo, fue fácilmente hacerla aplastante.
Reforzada con una extraña alianza con los
reaccionarios vascos, el Frente Popular eligió
la Comisión de validez de las actas
parlamentarias, la que procedió de una manera
arbitraria. Se anularon todas las actas de
ciertas provincias donde la oposición resultó
victoriosa; se proclamaron diputados a
candidatos amigos vencidos. Se expulsaron de las
Cortes a varios diputados de las minorías. No se
trataba solamente de una ciega pasión sectaria;
hacer en la Cámara una convención, aplastar a la
oposición y sujetar el grupo menos exaltado del
Frente Popular. Desde el momento en que la
mayoría de las izquierdas pudiera prescindir de
él, este grupo no era sino el juguete de las
peores locuras.
Fue
así que las Cortes prepararon dos golpes de
estado parlamentarios. Con el primero, se
declararon a sí mismas indisolubles durante la
duración del mandato presidencial. Con el
segundo, me revocaron. El último obstáculo
estaba descartado en el camino de la anarquía y
de todas las violencias de la guerra civil.
En
Alcalá de Henares por aquél tiempo, su rico
patrimonio eclesial era un referente para la
codicia y el saqueo de las iluminadas milicias
políticas y sindicales. Desde que Azaña
proclamase su conocido "España ha dejado de
ser católica", su Ciudad estaba en el punto
de mira, solo habría que esperar el momento
oportuno para iniciar la destrucción y el
saqueo.
Cuando en 1934 el
partido socialista y la Esquerra de Cataluña,
dieron el golpe de Estado contra la República,
en Alcalá el Gobernador Civil sustituyó a la
corporación municipal elegida en 1931 por una
comisión gestora formada por los mayores
contribuyentes alcalaínos, Manuel López, Cayo
del Campo, Félix Postigo, Manuel Palero, Ángel
del Campo, Braulio Gallo, Alfonso Revilla,
Vicente Hernández, Juan Gaviña, Justo Minués,
Jesús Prieto, Gerardo Cebada, Federico Arbós,
Fernando Sánchez, Aniceto Moya y Sandalio Nieto,
eligiendo alcalde a Ángel del Campo, esta
situación supuso que los socialistas perdiesen
su hegemonía municipal a cambio de los
terratenientes.
En seguida se
pusieron manos a la obra para resolver los
principales problemas que acuciaban a Alcalá, el
paro y la traída de aguas. La Junta nacional les
concedió 40.000 pesetas para paliar el paro con
la construcción de un nuevo alcantarillado,
asimismo el Consejo de Ministros ordenó que
saliera a subasta la construcción de un pabellón
para el alojamiento de tropas en el campo de
aviación, por 300.000 pesetas.
El cambió ideológico
en el Ayuntamiento, supuso que las clases
sociales se distanciaran cada vez más de la
Corporación Municipal. A pesar de los beneficios
que se estaban consiguiendo el pueblo
revolucionario y analfabeto caía en la demagogia
fácil de los partidos extremistas.
Cuando en febrero de
1936, las urnas alcalaínas contaron con la
presencia del voto de las religiosas, ya se oían
cantos radicales llamando al enfrentamiento si
no ganaba la coalición de izquierdas del Frente
Popular. Retornaron a sus puestos la Corporación
Municipal salida de las urnas en 1931. Presidida
la sesión del 21 de febrero de 1936 por el
republicano Juan Antonio Cumplido, su primer
paso, fue impedir a las personas que habían
ocupado anteriormente el Ayuntamiento su acceso
político al mismo.
Poco pudo disfrutar
el cargo Juan Antonio Cumplido, cuando el 4 de
marzo hubo un enfrentamiento en la calle Mayor
que acabó con dos heridos. Esta situación hizo
que se encarcelara a los votantes de los
partidos que no estaban incluidos en el Frente
Popular.
No viendo motivos
para la detención, la Dirección General de
Seguridad, emitió órdenes para que fueran
puestos en libertad, a pesar que el alcalde el
mismo día de autos, remitió un informe achacando
los disturbios a personas de Acción Popular.
No contentas las
turbas obreras con esta disposición, convocaron
huelga general de 24 horas el día 5, iniciando
su obra destructora con el saqueo y la quema de
mobiliario de la iglesia de Jesuitas, después
se dirigieron a las casas de personas desafectas
del Frente Popular, donde realizaron diverso
daños a su patrimonio. El camino quedaba abierto
para el saque, la destrucción y el pillaje.
Viendo el cariz que estaban tomado los
acontecimientos, sobre todo cuando los
“revolucionarios” emprendieron el camino de
incendiar el resto de conventos e iglesias de
Alcalá, el alcalde solicitó protección al
Comandante Militar de la Plaza, quien saco dos
escuadrones de caballería para solventar la
situación.
Ni que decir tiene,
que este hecho le costó el puesto a Juan Antonio
Cumplido, presionado por los socialistas.
El 17 de marzo fue
elegido alcalde, Pedro Blas Fernández del
partido socialista, quien con su permisividad
alentó los sucesos del verano de 1936.
Anteriormente en
mayo, los partidarios del frente popular, ya
estaban a la caza y captura de cualquier persona
que no comulgase con su revolucionarias ideas,
fueron continuas las redadas a la caza del
personal desafecto y sobre todo del militar
sospechoso.
En España se estaba
iniciando por parte de la izquierda el germen de
la guerra civil. Huelgas, atentados, asesinatos
constituían en la primavera de 1936 la portada
de los periódicos. El Gobierno era incapaz de
pararlo. Una huelga de la construcción en mayo
dejó sin trabajo a los obreros del manicomio.
Hubo un atentado interno en la Casa de Trabajo
contra uno de los guardias, y eran continuos los
desórdenes entre empresarios y trabajadores en
Corpa y Villalbilla. Las huelgas generales en
los pueblos del partido judicial estaban a la
orden del día.
Para evitar que en
Alcalá continuasen los enfrentamientos entre los
regimientos de Caballería acuartelados y los
votantes del Frente Popular, se ordenó la salida
de la guarnición, siendo sustituidos por un
Batallón de Infantería Ciclista y el 7º Batallón
de Zapadores-Minadores, al mando de reconocidos
mandos republicanos como Monterde y Azcárate,
este amigo personal de Azaña.
Cuando el general Mola, cerebro del
levantamiento militar, instó a un general
Franco, reacio al principio del mismo, de que
tomase el mando del ejército de Africa, el
gobierno del Frente Popular quedó impertérrito
ante lo que supusieron "otra sanjurjada".
Desde el primer momento el Gobierno contó con la
mayoría de la Marina y de la Aviación. Había
abortado la sublevación en las principales
capitales de provincia y minoró el puente aéreo
del ejército de África. ¿Por qué no lo abortó?
Franco en un principio, solo dispuso de tres
transportes FOKKER F-VII b/3m, un DOUGLAS DC-2 y
dos hidroaviones DORNIER "WAL", que hicieron el
doble trayecto de Tetuán a Sevilla y de Ceuta a
Algeciras. Hasta que llegó la ayuda alemana e
italiana, se pudieron fácilmente haber dejado
las tropas aisladas en África con la Flota y la
Aviación Gubernamental.
La
guarnición de Alcalá de Henares en el momento de
la sublevación estaba compuesta por el 7º
Batallón de Zapadores-Minadores al mando del
coronel Mariano Monterde, que a su vez era el
Comandante Militar de la Plaza y el Batallón de
infantería ciclista al mando del teniente
coronel Gumersindo Azcárate. A Alcalá llegaba
toda clase de noticias sobre los acontecimientos
de Madrid y el resto de provincias, sin que a
ciencia cierta nadie tomase una posición
definida, entre la soldadesca había miedo y
temor, los oficiales trataban por todos los
medios de mantener la disciplina. Mientras, los
jefes afectos al Gobierno tomaron las primeras
medidas al arrestar al comandante del campo de
aviación Gómez Jordana y a cuatro oficiales, con
lo que el aeródromo se salvaba para la
República.
El
Gobierno ordena el 20 de julio a las tropas
alcalaínas que se desplacen a la carretera de
Burgos a cortar el paso a las fuerzas del
general Mola que avanzan por Somosierra.
La
mayor parte de los oficiales se niegan a cumplir
las órdenes , se había tomado el acuerdo de
salir todos juntos, no disparar contra fuerzas
españolas, y no hacer nada que pusiera en
peligro a la tropa, solicitando al coronel
Monterde órdenes concretas. Al verse
menospreciados los jefes echaron manos de sus
pistolas, hubo momentos de discusión y tensión,
los oficiales les conminaron a que dejasen las
armas, sacando sus pistolas, al no ser
obedecidos dispararon contra los jefes, matando
al coronel Monterde e hiriendo gravemente al
Teniente Coronel Azcárate.
El
comandante Baldomero Rojo, se hizo con el mando
y declaró el estado de guerra, redactando un
bando, que fue publicado en la plaza de
Cervantes.
A
continuación dio orden para que los oficinales
se destacasen con sus compañías a los puntos
estratégicos de la Ciudad, ocupando el
Ayuntamiento, la plaza de los Santos Niños y la
torre de la Magistral, calle mayor, Plaza de
Cervantes, Palacio Arzobispal y oficinas de
correos y telégrafos. Las tropas se enfrentaron
a milicianos armados, entre los que hubo algunos
muertos. Pero el fin de la sublevación en Alcalá
llegaría pronto.
Conocidos los hechos, el Gobierno envió al
coronel Puigdendolas al mando de una columna
mixta de soldados y milicianos, estos que habían
participado en los execrables crímenes del
cuartel de la Montaña, ávidos de sangre y de
destrucción, Alcalá se les antojaba la presa
perfecta para sus desmanes. Tras los primeros
tiroteos y viendo la superioridad de la tropa a
la que se enfrentaban, a pesar de las bajas que
les inflingieron a causa de la escasa
experiencia guerrera de los milicianos, los
soldados fueron desertando y a los oficiales no
les quedó más remedio que entregarse.
Alcalá se constituía a partir de ese momento en
ciudad abierta para el saqueo, la muerte y la
destrucción.
Las
primeras victimas del "orden Rojo", fueron un
cadete y un alférez, que no habían tomado parte
activa en la sublevación. A partir de ahí, su
cimentado odio azañista, la iglesia en Alcalá
constituía todo un tesoro para sus desmanes. En
tres días asesinaron al coadjutor de la
Parroquia de San Pedro, a su sacristán, al
capellán de las Bernardas, al capellán de las
Adoratrices, a su padre, al párroco de los
Santos de la Humosa y a tres religiosos
escolapios.
Alcalá era victima del holocausto del Frente
Popular, a los milicianos se habían sumado los
presos que había liberado de las cárceles, los
cuarteles, sin soldados al licenciar el gobierno
la tropa, eran saqueados y sus armas repartidas.
Cualquier sospechoso de no ser afecto al régimen
era "paseado". Sus casas eran registradas y
saqueadas. Los comercios y bares desvalijados.
Las autoridades municipales del mismo perfil
político que los autores de los desmanes, no
ponían ningún remedio para impedir la barbarie.
A pesar de los continuos requerimientos que
desde el Gobierno se hacía para que se evitase
el terror. Desde el Ayuntamiento tan solo se
enviaba la lista de fallecidos.
Desde que por la puerta de Madrid, asomaron los
primeros milicianos, y contemplaron la torre de
la iglesia Magistral, el objetivo estaba claro,
no quedaría piedra que recordase al Templo,
máxime cuando los sublevados habían instalado
ametralladoras en la torre de la Colegiata. El
21 de julio, una vez rendidos los últimos
soldados, se procedió al robo y profanación de
todos los objetos que tuvieran un valor
histórico, artístico o religioso. Los restos del
cardenal Cisneros fueron sacados de la arqueta
que los guardaba en su cripta y esparcidos por
el suelo. A esto se unió la destrucción o
desaparición de cuadros, imágenes de plata como
las que representaban a los Santos Niños o la
imagen gótica de Santa María de Jesús,
procedente del antiguo convento de San Diego.
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Nuestras Santas Formas
desaparecieron fruto del Pillaje
Rojo |
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Pero
para el pueblo alcalaíno, tradicional y devoto,
su mayor dolor fue la desaparición de la
custodia de las Santas Formas del Milagro.
El
anticlericalismo del proletariado, llevó a
suspender la procesión de las Santas Formas
desde el primer momento de la proclamación
republicana, así como el resto de cualquier
expresión religiosa. El culto y las procesiones
se realizarían en el interior de las iglesias y
con la menor publicidad posible, ya que
cualquier individuo que pusiese los pies en un
templo era sospechoso de conspiración contra la
República, sobre todo teniendo en cuenta que
desde un primer momento se había señalado a la
Iglesia, como el gran obstáculo que impedía la
revolución proletaria.
El 18 de julio de
1931, se trasladaron en una veloz procesión,
desde la Iglesia de Jesuitas a la Magistral, las
reliquias de los Santos Niños, el cuerpo de San
Diego y las Santas Formas, junto a un buen
número de imágenes, todo se hizo en el mayor de
los silencios, sin escolta de honor o tañido de
las campanas, no había que alterar el orden
“legalmente” establecido.
Aunque el 6 de mayo
1934 con el nuevo gobierno de la CEDA, se
permitió que la calle recobrase el esplendor
eucarístico de antaño. Pero las provocaciones
fueron continuas, desatándose graves incidentes
como estaba previsto por los militantes de
izquierda.
Y es
que su veneración se había constituido en la
fiesta mayor de Alcalá. teniendo en cuenta el
milagroso origen de las mismas.
La historia de
las Santas Formas
del Milagro
Primavera de 1597, un morisco accede a la
iglesia de jesuitas y pide al padre Juan Juárez
confesión, en el transcurso de la misma se
confiesa autor de la profanación de varias
iglesias junto a otros compañeros y le entrega
veinticuatro formas consagradas, fruto de sus
robos envueltas en papel. Los jesuitas sin saber
que hacer, ya que sospechaban que si las
consumían podían estar envenenadas, ya que se
habían dado varios casos de envenenamiento de
religiosos en Murcia y en Segovia, y descartada
su destrucción por si podían estar consagradas,
como había advertido el morisco, decidieron
guardarlas en una cajita de plata que
depositaron en el altar mayor, esperando que con
el tiempo se corrompiesen.
Cuando después de unos meses, los jesuitas
abrieron la cajita de plata observaron que las
formas permanecían incólumes, entonces
decidieron poner a su lado otras sin consagrar y
depositarlas dentro de su envoltorio en un lugar
subterráneo y húmedo, con el fin de acelerar su
descomposición. Pasado el tiempo las formas
entregadas por el morisco permanecían frescas,
mientras que el resto estaban corrompidas.
Ante
este misterio, los jesuitas decidieron someter a
las formas a estudios científicos para
determinar la razón que justificara su
incorruptibilidad, no encontrando ningún
fundamento, se apoyó el carácter milagroso del
hecho.
A
partir de ese momento las Santas Formas se
convirtieron en objeto de devoción y fervor,
constituyéndose el día de su veneración en la
Fiesta Mayor de Alcalá.
Los
actos religiosos que tenían lugar consistían en
una misa por la mañana y una procesión por la
tarde. Toda la ciudad vestía sus mejores galas,
se acudía con los mejores ropajes y vestidos.
Alcalá constituyó un punto de encuentro del
fervor popular y foráneo. Ya en 1622, cuando
tuvo lugar la aprobación oficial del milagro,
las Santas Formas habían pasado de la cajita de
plata a la custodia que para tal fin donó el
cardenal Spínola, y que fue la sustraída de la
Magistral durante su saqueo el 21 ó 22 de julio
de 1936. La custodia era de plata maciza
sobredorada, con una forma muy similar al
tabernáculo del retablo mayor de la iglesia de
los jesuitas: Una cúpula semiesférica rematada
con una cruz y sostenida por cuatro pares de
columnas. En su interior se encontraba un viril
(custodia de menor tamaño) de forma octogonal,
con tres ventanas por lado en las cuales se
colocaron las veinticuatro formas que se
conservaban (diecinueve enteras y cuatro
partidas), todas ellas protegidas por unos
gruesos cristales de roca que fueron soldados a
la custodia para evitar posibles sustituciones.
Todo el conjunto se sustentaba en una columna
que terminaba en una base cuadrada y más tarde
se añadió un anillo de cruz al remate.
Con
su desaparición, se perdió la mayor tradición de
Alcalá. Mientras en el período 1936-1939,
continuaba dándose buena cuenta del patrimonio
alcalaíno.
En
el Beaterio de Clarisas de San Diego,
desaparecieron pinturas, muebles y objetos
artísticos, motivados por el saqueo republicano.
El
colegio de Málaga al igual que el Colegio de
Trinitarios Descalzos al ser usados como
cuarteles sufrieron desperfectos de diversa
consideración.
El
convento de Carmelitas de la Imagen,
tomado por la Brigada 46 del Campesino y las
hordas del Frente Popular, sufrió desperfectos
arquitectónicos, desaparición de pinturas,
muebles y objetos artísticos.
El
convento de Carmelitas de Afuera, una vez
saqueado y convertido en cuartel y prisión, se
utilizó la iglesia como fragua. Desaparecieron
pinturas, muebles y objetos artísticos. Se
incendiaron las celdas y se construyó un refugio
antiaéreo en la huerta.
El
convento de las Juanas (antiguo de
Agustino Recoletos), una vez saqueado, se
utilizó como cuartel y la Iglesia como garaje.
Se destruyó el retablo para hacer leña y
desaparecieron muebles y objetos artísticos.
El
convento de las Magdalenas, una vez
saqueado por los republicanos fue utilizado como
cuartel y almacén de ropa militar, y la iglesia
como garaje y arsenal. Se destruyó la cúpula,
sufriendo daños el retablo mayor y otros
altares. Desaparecieron los muebles, pinturas,
imágenes y objetos artísticos.
El
convento de Santa clara, una vez saqueado
sirvió como residencia de familiares y
evacuados. Desaparecieron los cuadros del
retablo mayor, así como otras pinturas y objetos
artísticos, sufriendo desperfectos
arquitectónicos considerables.
El
convento de Santa Catalina, una vez
saqueado se utilizó como residencia de
familiares y evacuados, ubicándose la cocina en
la iglesia. Desaparecieron pinturas, muebles y
objetos artísticos. Desperfectos arquitectónicos
en las cubiertas y en el claustro.
El
convento de Santa Ursula se utilizó como
residencia de familiares y evacuados.
Desaparecieron pinturas y objetos artísticos. Se
profanaron las tumbas, sufriendo diversos
desperfectos arquitectónicos.
En
la Ermita del Cristo de los Doctrinos,
desaparecieron alhajas y muebles.
La
Ermita de San Isidro fue aprovechado el
armazón del tejado para hacer leña, desapareció
la cubierta y objetos de valor artístico.
La
Iglesia de los Jesuitas, fue saqueada e
incendiado el interior, afectando especialmente
a la imagineria del retablo mayor.
La
iglesia Magistral, fruto de la represión
republicana, una vez incendiada y saqueada,
sirvieron sus ruinas como vivienda de
indigentes, aprovechándose sus piedras para
construir refugios antiaéreos.
Se derrumbaron las
bóvedas sobre los sepulcros de Cisneros y
Carrillo.
Desaparecieron la sillería del coro, retablo
principal, altares, tapices, órganos, puertas,
cuadros, imágenes y muebles.
La
Iglesia de Santa María, en la plaza de
Cervantes, fruto de la represión republicana
el 2
6
Andrés Nín, dirigente del Partido Obrero de
Unificación Marxista (POUM), fue torturado y
posiblemente asesinado en Alcalá de Henares. Su
cuerpo nunca fue encontrado.
En
Madrid capital se contabilizaron 196 checas del
frente popular, perteneciendo al Partido
Socialista y a la UGT, las siguientes:
Alcalá, 138: Círculo Socialista del Este.
Antillón, 4: Checa comunista-socialista del
Puente de Segovia.
Amor de dios, 1 (palacio de Somosancho): Círculo
Socialista.
Antonio Vincent, 57 Radio de las Juventudes
Socialistas Unificadas.
Valencia, 5: Círculo socialista del sur.
Velázquez, 50: Círculo socialista del sur.
Caballero de Gracia, 28: Sindicato de
Tramoyistas de la UGT.
Cáceres, 10 y 12: Círculo Socialista y después
checa de la 36 Brigada.
Cadarso, 6: Centro de las Juventudes Socialistas
Unificadas.
Concordia, 6 (puente de Vallecas): Casa del
Pueblo, del Partido Socialista.
Carril del Conde (hotel de D.J. Gutiérrez):
Checa socialista-comunista de Ventas.
Plaza de Colón, 1 (palacio de Medinaceli): Checa
de la Brigada Motorizada Socialista.
Plaza de las Comendadoras, 1: Radio 8 de las
Juventudes Socialistas Unificadas.
Don Pedro 10: Círculo Socialista Latina-Inclusa
y checa de milicias de retaguardia.
Embajadores, 116 (cine Montecarlo): Círculo
socialista del sur.
Espronceda, 32: Radio de las Juventudes
Socialistas Unificadas.
Eugenia Salazar, 2: Checa socialista.
Ezequiel Solana, 2 y 4: Checa socialista.
Fuencarral, 103: Comisión Electoral de la
Agrupación Socialista Madrileña y grupo de
Policía afecto a esta checa.
Paseo de la Florida (ermita de San Antonio):
Checa autónoma socialista-comunista.
General Martínez Campos, 8: Círculo Socialista
del Norte.
General Martínez Campos, 23: Checa de las
milicias Leones Rojos de dependientes de
comercio de la UGT.
Goya, 10: Sindicato de Transportes de la UGT.
Granada, 4: Checa de la JSU, dependiente de la
de Zurbano, 68.
Marqués del Riscal, 1: Checa del Círculo
Socialista del Sur y de la Compañía de Enlace,
dependiente del ministerio de la Gobernación,
Ángel Galarza.
Martínez de la Rosa, 1: Checa socialista de
García Atadell, de las Milicias Populares de
Investigación.
Mendizábal, 24: Radio 7 de las JSU.
Mesón de Paredes, 76: Círculo Socialista del
Sur.
Miguel Ángel, 1: Checa del Sindicato de
Dependientes Municipales de la UGT.
Montera, 22: Checa de los Listeros de la UGT.
Núñez de Balboa, 62: Juventudes Socialistas
Unificadas.
O´Donell, 8 (hotel don Alejandro Lerroux):
Círculo Socialista del Este.
Avenida de Julián Marín (Fundación Caldeiro).
Checa de las Milicias Socialistas del Este.
Nicasio Gallego, 19: Sindicato de la Piel, de la
UGT y checa de milicias.
Paloma, 19 y 21: Círculo Socialista
Latina-Inclusa.
Princesa, 13 y 15: Radio 7 de las JSU.
Raimundo Lulio, 8: Radio 9 de las JSU.
Rollo, 2: Círculo Socialista del Distrito
Latina-Inclusa.
Sacramento, 1: Círculo Socialista
Latina-Inclusa.
Seminario Conciliar: Círculo Socialista
Latina-Inclusa.
San Isidro, 5: Checa comunista-socialista del
Puente de Segovia.
Toledo, 98: Círculo Socialista Latina-Inclusa
Carretera de Valencia, 70 (escuelas cristianas):
Checa Socialista.
El hecho de
establecerse en Alcalá de Henares, el cuartel
General del Ejército del Centro, hizo que la
Ciudad conociese una actividad desconocida hasta
el momento. El asentamiento de la división
comunista de El Campesino, iba a empeorar la
situación de la población por la especial
peculiaridad de este individuo. Los continuos
abusos y provocaciones de este personaje y las
tropas a su mando con la población civil, fueron
motivos de multitud de quejas al Consistorio.
Conflicto que llegó a un grave enfrentamiento
con el alcalde por aquel entonces, el socialista
Simón García de Pedro, que a duras penas trataba
de mantener y conservar el poder civil ante el
militar.
El fraccionamiento
que se estaba dando entre las Fuerzas del Frente
Popular cada vez era más evidente, teniendo en
cuenta que a pesar del volumen de hombres y
material, la República no sabía como ganar la
guerra.
Con la llegada en
marzo de 1939 del golpe del coronel Segismundo
Casado, las tropas comunistas que entonces
estaban de guardia en Alcalá, la 300 brigada
guerrillera y la 1ª Brigada de Tanques, se
sublevaron y marcharon sobre Madrid intentando
recuperar la Capital y continuar la guerra. La
escasa guarnición que dejaron en Alcalá.
Alrededor de 300 hombres, permitió al anarquista
Liberino González hacerse con la ciudad sin
apenas bajas. Después continuo su camino hacia
Madrid, donde unido a las tropas anarquistas de
Cipriano Mera consiguió vencer la oposición
comunista. Tras esta victoria, más de 15.000
comunistas fueron hechos prisioneros,
trasladándoles al Manicomio de Alcalá de
Henares, convertido en campo de concentración,
donde las disputas y conatos de evasión fueron
frecuentes entre la amplia población carcelaria
y sus captores, que en algunos casos tuvieron
que tomar fulminantes medidas de disciplina. La
falta de espacio, higiene y de abastecimiento
causaba verdaderos problemas. Cuando las tropas
vencedoras ocuparon Alcalá, la imagen que se
ofreció a su vista fue similar a la que algunos
años después ofrecieron los noticiarios
documentales aliados tras la liberación de los
campos de concentración nazis.
Recientemente se
descubrieron restos humanos procedentes del
período republicano en el antiguo manicomio, hoy
base Primo de Rivera, este hecho hasta el
momento se ha silenciado, desconociéndose el
origen y la identidad de los mismos, a pesar de
las técnicas de hoy en día, y es que en algunos
casos parece que es mejor conservar la
“desmemoria histórica”.
Ignacio Sánchez