Madrid.  Lunes  27 de abril de 2009                                                                       
 
 

Alcalá; Ciudad de paso

 
 

 ...muchos son los que pasaron y pocos o ninguno los que se quedaron para echar raíces. La Universidad cambió la vida de la ciudad, su nombre estuvo ligada a la de la Ciudad, motivo por el que fue conocida y reconocida allende nuestras fronteras, pero pocos fueron los hijos que vieron la luz y fijaron su origen y el de sus descendientes a la historia de Alcalá, ni su más ilustre hijo, Miguel de Cervantes vio reconocida su cuna hasta 1752 por el padre benedictino Martín Sarmiento, 136 años después de su fallecimiento...

...un poblacho desolado y feo, que hasta uno de sus "ilustres" hijos, Manuel Azaña, despreciaba. En sus Diarios de Guerra la descripción que hace de la ciudad que le vio nacer en su visita del 17 de noviembre de 1937 no deja lugar a dudas. "El pueblecito me parece más triste, más pobre, abandonado como nunca lo estuvo."...

 
 
  La inestimable situación geográfica que Alcalá de Henares ocupa en el centro de la península ibérica, en el margen derecho del río Henares, y desde que los primeros pobladores fueron bajando de las tierras altas de la margen izquierda, buscando la fertilidad de su ribera derecha, ha hecho que su ubicación requiriese un continuo cambio social y demográfico a lo largo de su historia.

A finales del siglo I de nuestra era, cuando los romanos sometieron a los pueblos del castro carpetano existente en el cerro del Viso, fundando Complutum en el margen opuesto del río, el Imperio dio relevancia y significado a Nuestra Ciudad al estar sentada estratégicamente en un cruce de caminos. Por ella transcurrían las principales calzadas romanas, lo que desde un principio iba a convertir a Alcalá en una ciudad de paso hasta nuestros días.

Después de la estancia en la Ciudad de visigodos y árabes, tras la reconquista cristiana, Alcalá se convirtió en una ciudad agrícola y comercial por su situación clave. Tres núcleos importantes de población compartían su suelo, cristianos, los más numerosos, musulmanes y judíos. Esta situación duraría hasta el siglo XV, los procesos migratorios desde distintas partes de Iberia estaban en marcha. Pero, fue a través de la llegada de los Estudios Generales, primero y de la Universidad después, cuando Alcalá empezó a recibir gentes no solo del orbe hispánico, sino de todo el orbe imperial. El prestigio de la Universidad de Cisneros hizo que profesores y alumnos cambiasen la identidad de la población y el destino de Alcalá.

Pero al igual que hoy sucede, muchos son los que pasaron y pocos o ninguno los que se quedaron para echar raíces. La Universidad cambió la vida de la ciudad, su nombre estuvo ligada a la de la Ciudad, motivo por el que fue conocida y reconocida allende nuestras fronteras, pero pocos fueron los hijos que vieron la luz y fijaron su origen y el de sus descendientes a la historia de Alcalá, ni su más ilustre hijo, Miguel de Cervantes vio reconocida su cuna hasta 1752 por el padre benedictino Martín Sarmiento, 136 años después de su fallecimiento.

Con el transcurso de los años, y tras las sucesivas desamortizaciones, Alcalá se hizo plaza fuerte militar, a sus desvencijados conventos y colegios llegó la milicia. El establecimiento de cuarteles y academias militares, hicieron que una vez olvidada la universidad, Alcalá estuviera estrechamente ligada al estamento castrense. El nombre de los regimientos de Alcalá fue paseado por dentro y fuera de nuestras fronteras. Sus banderas recibieron sangre y honores, hoy todavía su recuerdo está patente en muchos rincones de África y España.

A este pasar continuo de generaciones de profesores, estudiantes, religiosos y militares, se añadió a mediados del siglo XIX otro de sus rasgos identitarios, al crearse en el antiguo Colegio de Santo Tomás la cárcel de hombres y en el Convento de Carmelitas Descalzas de San Cirilo, la cárcel de mujeres.

La llegada del ferrocarril a Alcalá en 1859, con la creación de una estación de tercera en la nueva línea Madrid-Zaragoza, supuso un importante impulso económico, y nunca mejor dicho, por otra vía, ciudad de paso.

Alcalá, inmersa de pleno en todos los avatares de las tres primeras décadas del siglo XX, solo veía por sus calles y muros, ciudadanos de paso. La guerra civil, trajo desgracias y más militares, En sus edificios estaba instalado el Cuartel General del Centro del ejército de la República, por sus despachos, entraban y salían consejeros de diferentes nacionalidades, especialmente rusos. Los brigadistas internacionales, también de paso, constituían toda una heterogénea Babel, similar al que se puede escuchar en cualquier calle hoy en día. En el aeródromo, más de lo mismo, los mejores y más modernos aparatos de guerra del momento, hablaban ruso, al igual que los formidables carros de combate T-26, que tenían en las instalaciones de Forjas la Base y Talleres de las Fuerzas Blindadas que Krivosheim organizó.

Pero realmente Alcalá, si prescindía del estamento militar ¿qué era?, un poblacho desolado y feo, que hasta uno de sus "ilustres" hijos, Manuel Azaña, despreciaba. En sus Diarios de Guerra la descripción que hace de la ciudad que le vio nacer en su visita del 17 de noviembre de 1937 no deja lugar a dudas. "El pueblecito me parece más triste, más pobre, abandonado como nunca lo estuvo."

La población de Alcalá, descontando el elemento religioso, militar y penitenciario estaba compuesto principalmente por jornaleros del campo y obreros de la construcción, a los que les tocaba vivir los rigores del paro estacional y una pésima calidad de vida.

Una vez finalizada la guerra la situación no iba a mejorar, la falta de alimentos y de materias primas de primera necesidad se cebó con una población, que veía como una parte, se encontraba esperando los juicios del franquismo por su responsabilidad en los sucesos acaecidos en época del frente popular.

Tuvo que ser precisamente cuando el General Franco y el presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower firmaron en 1953 el acuerdo sobre colaboración conjunta, hispano-norteamericana, cuando se iba a iniciar el despegue industrial alcalaino. La construcción y establecimiento entre Torrejón y Alcalá de la base aérea, iba a dar trabajo a gran número de obreros alcalaínos, al mismo tiempo que se empezaba a mirar a Alcalá como una zona de incipiente industrialización.

En los años cincuenta comenzaron a instalarse las primeras industrias, Prona y Metalúrgica Madrileña, y en los primeros años sesenta, Roca Radiadores y Perfumería Gal, siguiéndoles, Ibelsa, Cointra, Perlofil, Roclaine, Fiesta, Fibras Minerales, así como diferentes empresas de sectores metalúrgicos o farmacéuticos.

Este apogeo industrial, hizo que empezasen a producirse en Alcalá los primeros procesos migratorios, principalmente de la vecina provincia de Guadalajara, a la que se fueron sumando hombres y mujeres de las zonas menos industrializadas de España, principalmente Extremadura y Andalucía, atrás quedaron sus casas y campos para adentrarse en un nuevo mundo y en una ciudad desconocida para ellos.

A partir de 1960 la población que permanecía casi inalterable desde principios de siglo, iba a sufrir una considerable transformación, los habitantes iban a aumentar de forma rápida y Alcalá no contaba con infraestructuras para ello.

Ya en 1965, se alcanzaban los 30.000 habitantes; en 1970 los 57.000, y cinco años más tarde casi se duplicaba la población, alcanzando los 100.000.

Esta situación hizo que se extendieran los límites del casco urbano, naciendo nuevos barrios, pero la población que llegaba y se instalaba, trabajaba y dormía, pero no vivía Alcalá. Cualquier fecha que constituía puente o vacaciones, era aprovechada para volver a sus lugares de origen, a pesar de que muchos de sus hijos nacieron ya en Alcalá y fueron escolarizados en la ciudad Complutense, apenas creció el arraigo por la ciudad que les había acogido y que les iba a dar de comer.

En 1967, un año marcado por grandes acontecimientos tanto en la vida española, como mundial, iba a traer a Alcalá la Universidad Laboral, por sus aulas pasarían los mejores ingenieros técnicos de telecomunicaciones, hasta que en 1989 fue absorbida por la Universidad. Otro lugar que llevó el nombre de Alcalá unido a las numerosas promociones de estudiantes que llegaron de los diferentes rincones de España.

En los primeros años de la transición, y con el regreso a Alcalá de la Universidad, nuestra ciudad volvió a recoger en su seno a todo un crisol de alumnos, la apertura de sus estudios hicieron que nuestra ciudad recogiera el testigo dejado siglos antes, aunque nunca el prestigio de su docencia.

A finales de los años noventa y con el auge de la economía española, debido especialmente a los sectores de la construcción y servicios, España demandaba mano de obra, y al igual que sucediera en los años 60 cuando cientos de miles de españoles tuvieron que emigrar a Europa Occidental, el establecimiento de la moneda única y la apertura de las fronteras hicieron que un sinfín de personas de las más diversas nacionalidades y culturas llegasen a nuestro país para encontrar un lugar donde "buscarse" la vida.

Alcalá en pleno desarrollo inmobiliario, vio duplicado en pocos años su casco urbano, surgieron nuevos barrios, esta vez más allá de la nueva autovía a Zaragoza, y en sus calles y barrios los acentos de otros países ya son habituales.

Si los españoles que se asentaron en la ciudad en los años sesenta, no llegaron en su mayoría a arraigarse en la ciudad que les acogió, la llegada de miles de extranjeros hacen que en Alcalá la población esté escasamente arraigada.

Alcaladigital ha comprobado en el barrio de Reyes Católicos, donde está una de las mayores colonias de emigrantes de diferentes nacionalidades y de los españoles que llegaron con la industrialización, mediante una sencilla pregunta, ¿me puede decir donde está el colegio de San Ildefonso?, como de cuarenta personas, todas ellas españolas de diferentes edades, el noventa y nueve por cien desconocía, que hubiese un Colegio de San Ildefonso y menos donde estaba situado.

Penoso es comprobar el desarraigo, de estas gentes, un sentimiento de no-identificación con la sociedad en la que el sujeto está inscrito y una añoranza por aquélla en la que sí se sentía integrado.

Alcalá de Henares se ha convertido en la segunda ciudad más receptora de inmigrantes en la Comunidad de Madrid, después de la capital.

En Alcalá viven centenares de familias procedentes del este europeo, en su mayoría rumanos procedentes de la ciudad de Alba Iulia, hecho que ha dado lugar a la construcción de un templo ortodoxo, le siguen, polacos, búlgaros, ucranianos, etc.

Otra colonia importante es la iberoamericana, colombianos, ecuatorianos, peruanos, etc. Sin olvidar a la población del norte de África y subsahariana.

Toda esta población, generalmente joven y con hijos de corta edad han visto como en Alcalá se ha tenido que ampliar la oferta escolar, con la construcción de nuevos centros.

Algunos niños han nacido ya en Alcalá, y otros han llegado con sus padres y estuvieron, generalmente, escolarizados en sus países respectivos.

La mayoría de esta población infantil y juvenil se adapta con relativa facilidad a la escuela y se integra bien. Por otro lado, el desconocimiento de la lengua española constituye en los primeros meses el mayor obstáculo en el rendimiento escolar y puede provocarles un sentimiento de frustración.

En este aspecto corresponde a las autoridades educativas, crear unos programas de integración para toda la población foránea, dar a conocer la cultura y la historia de la Ciudad que les ha acogido.

Aunque al igual que pase con los españoles, cuando les llegue la jubilación, o la economía en sus respectivos países crezca a niveles más equitativos, buscarán las tierras que les vieron nacer para pasar sus últimos días.

Al igual que sucediese desde la época prerromana, Alcalá, seguirá siendo un lugar de tránsito.

Ignacio Sánchez

 

 
 

 
 

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